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El Coral Ensamble abrió ciclo con Orff
El Ensamble Lírico Coral, con dirección de Gustavo Codina, hizo la cantanta profana «Carmina Burana» de Carl Orff.
El Ensamble Lírico Orquestal es una asociación de músicos de carácter independiente que realiza anualmente una serie de actividades que esta temporada tendrá como escenario el Teatro del Globo. En el concierto inaugural se interpretó la cantata profana de Carl Orff, «Carmina Burana», para solistas, coros y orquesta, que esta vez fue sustituida por dos pianos y un ensamble de percusión.
Gustavo Codina fue el director de la propuesta. Es un director sensible y eficaz que manejó en esta oportunidad a un grupo numeroso de músicos muy compenetrados en las coordenadas de la poesía medieval que contiene la obra de Orff (1895-1982). La compulsión rítmica que le da pulso a la obra, sus repeticiones, la búsqueda de una sonoridad que evoque de alguna manera al Medioevo que generó las imágenes de las poesías que dieron sustento a la obra y que corresponden a los siglos XII y XIII, pero que fueron encontrados en Baviera en el 1600, redondean una obra de estilo definido, que caracteriza al compositor de personal modernismo sonoro elaborado con una rítmica hipnótica, diatónica y de atmósfera primitiva.
Su impronta percusiva la volcó de manera contundente en la trilogía «Los Triunfos» («Carmina Burana» en 1937; «Catulli Carmina» en 1943, y «El triunfo de Afrodita» en 1953). En la versión dirigida por el maestro Codina hubo un gran trabajo del Coral Ensamble. Las voces se oyeron sólidas y afinadas (a veces hubo alguna afinación errática pero esto no fue persistente), con volumen adecuado y expresividad. A las voces del coro se sumaron dos eficaces pianistas como Jorge Ugartamendía y Andrea García que tuvieron suficiente fuerza y sutilizas sonoras permanentes.
El Ensamble de Percusión del Conservatorio de Música de la ciudad de Buenos Aires tuvo a su cargo la tarea rítmica de gran impulso en la obra y también participó con solvencia el Coro de Niños de la Municipalidad de Morón. Los solistas fueron el barítono Sebastián Angulegui, apto para la tarea, sobre todo en el episodio de la taberna donde hizo un sonoro monje ebrio, el contratenor Damián Ramírez con la voz ideal para recrear los padecimientos del cisne chamuscado, que cantó y actuó con ímpetu y dolor y la buena voz de la soprano Cecilia Layseca en la lírica orte de Amor.
Luego de los numerosos aplausos que coronaron la labor del conjunto dirigido por Codina, éste defendió calurosamente a Carl Orff de las reiteradas acusaciones que lo indican como colaboracionista del Tercer Reich. A pesar de la defensa de Codina y la del musicólogo italiano Massimo Mila, siempre se catalogó al compositor como un ferviente simpatizante del régimen nazi. El público juzgará.


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