17 de mayo 2016 - 00:00

El desafío, que el gasto público no mate a la tasa

Analizar el gasto público primario "core" (GPPC) nos puede servir para analizar cuán expansiva es la política fiscal y para tener una idea de la sustentabilidad de la propia política fiscal en el tiempo y de la consistencia de la política macroeconómica. El GPPC incluiría aquellas partidas sobre las cuales el Gobierno tiene un menor grado de control (menor discrecionalidad): salarios, jubilaciones y una porción no menor del total de los subsidios otorgados. Representa aproximadamente el 64% del total del gasto público primario del Gobierno nacional. ¿Qué conclusiones podemos extraer de la evolución reciente del GPPC?

Primero, el GPPC experimentó una aceleración en el margen. En efecto, el GPPC creció un 46% interanual en marzo pasado, mostrando un ritmo de expansión muy superior al observado en el primer bimestre (36%). Segundo, el crecimiento del GPPC fue mayor al registrado en el gasto público primario total: las erogaciones totales primarias aumentaron un 39% interanual en marzo. Tercero, de los dos puntos anteriores se puede inferir que gracias a la moderación observada en las otras partidas presupuestarias, el incremento del gasto público primario total no resultó mayor. O sea, que debido a que no se le transfirieron más recursos a las provincias (21% interanual), a que se frenaron las erogaciones en inversión y obra pública (11%) y a que no se compró casi nada (8%), el gasto público primario total no creció más. Cuarto, el ritmo de crecimiento del gasto público observado no es tan diferente al registrado durante la gestión anterior: las erogaciones primarias crecieron un 34% en 2015, un 43% en 2014 y un 33% 2013.

Naturalmente, una política fiscal de expansión del gasto público primario como la actual no luce consistente con: (I) un escenario de mayor estabilidad macroeconómica duradero en el tiempo; y (II) el objetivo impuesto por el Gobierno de lograr de reducción de la tasa de inflación al 5% a partir del 2019.

Con el reacceso al mercado voluntario internacional de deuda que logró el Gobierno tras una renegociación exitosa de los títulos públicos en default, es posible financiar durante un período considerable una política fiscal de fuerte crecimiento del gasto público y mantener al mismo tiempo una política monetaria de tasas elevadas para lograr una reducción de la tasa de inflación. Sin embargo, luce ingenuo creer que la dominancia monetaria se impondrá a la dominancia fiscal en un contexto en el cual el gasto público está creciendo a un ritmo elevado (a lo sumo condicionará en el margen la política fiscal). Especialmente, en la Argentina. El reacceso al mercado de deuda permitirá relajar este eventual conflicto durante un tiempo. De todos modos, impulsar una política monetaria con un objetivo decreciente de la tasa de inflación con un gasto público creciendo a un ritmo elevado generará dudas sobre la consistencia de la política macroeconómica y tendrá costos en materia de credibilidad, todo lo cual importará un esfuerzo mayor en términos de tasas de interés para el Banco Central.

Lograr una moderación sostenida de la política fiscal de gasto público no es fácil de implementar. No sólo requiere tener una voluntad política firme y de poder alcanzar amplios consensos, sino también de contar con la capacidad técnica para implementar las reformas estructurales que permitan lograr un diseño macroeconómico institucional sólido que nos ponga en un sendero de desarrollo económico sostenible. Lamentablemente, en la historia argentina el gasto público siempre mató a la tasa de interés. El desafío, por tanto, es inédito.

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