1 de diciembre 2011 - 00:00

El descontento recién empieza a manifestarse

Londres - Lori Malone está harta. «Quiten sus manos de nuestras pensiones», reza el cartel que sostiene frente al Parlamento en Londres. La graduada e investigadora parlamentaria, de 25 años, se encuentra entre los alrededor de dos millones de empleados públicos que tomaron ayer las calles del Reino Unido en la mayor huelga desde los años 70.

«Este es apenas el comienzo. No se puede usar lo público como chivo expiatorio y no se puede usar para pagar la deuda que no creó», dice.

Más al norte, en Birmingham, Suzanne Rule sostiene algo parecido. «Acabo de cobrar mi primer salario pero aún vivo con mis padres. Quiero tener mi propia vida pero aún no puedo comenzarla», se queja la maestra de 25 años a la BBC.

Además de la deuda que está pagando por la matrícula de la universidad, ahora debe oblar 100 libras (157 dólares) por mes en contribuciones a la seguridad social, incluyendo pensiones», explica y agrega: «Vivimos día a día. No es justo».

El objetivo más inmediato de los maestros, trabajadores de la salud, limpiadores de oficinas y funcionarios de inmigración que apoyan el llamado de los sindicatos a una huelga de 24 horas son sus futuras pensiones.

Los planes del Gobierno de aumentar la edad jubilatoria, congelar los salarios y aumentar las contribuciones para las pensiones han sido rechazados por los sindicatos, que los consideran un esquema para «trabajar más, pagar más y obtener menos».

Sin embargo, según algunos sindicalistas, las marchas y protestas van más allá del tema de la jubilación. Mark Serwotka, secretario general del sindicato de Servicios Públicos y Comerciales (PCS), dice que mientras muchos están en contra del «robo en las pensiones», las protestas se dirigen contra «toda esta agenda de austeridad».

«El rechazo a los planes de austeridad del Gobierno, que se cree costarán más de 710.000 empleos en el sector público entre 2016 y 2017, ha estado creciendo en el Reino Unido. Mientras crece el desempleo y el crecimiento económico sigue ausente, la paciencia de los votantes con la estrategia de la coalición liberal-conservadora se está evaporando, y los sindicatos -tradicionalmente cercanos al opositor Partido Laborista- quieren sentar su posición.

Los analistas creen que, si bien los empleados públicos que salieron ayer a las calles lanzaron una dura advertencia al Gobierno, las comparaciones con la ola de protestas de los años 70 no son válidas.

En 1974, el gobierno conservador de Edward Heath fue derribado por un poderoso movimiento sindical, y en 1979, el llamado «invierno del descontento» llevó a perder las elecciones al entonces primer ministro laborista Jim Callaghan. A su Gobierno le siguió el de Margaret Thatcher, «la dama de hierro», la primera ministra conservadora que se enorgullecía de su política de restringir el poder de los sindicatos. Desde entonces, los miembros de los gremios se redujeron a la mitad, de 13 millones a unos siete.

«Los sindicatos viven en una burbuja e ignoran el hecho de que el Reino Unido debe abrirse paso en un mundo competitivo», dice John Longworth, el director general de la Cámara de Comercio.

Simon Walker, del Instituto de Directores, de empleadores, acusa a la gente que está detrás de las huelgas de causar «un daño increíble» a la imagen del país. Según él, los sindicatos deben preguntarse a sí mismos si quieren que el Reino Unido sea «una economía vibrante» o se transforme en un país como Portugal o Grecia.

Agencia DPA

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