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El desinterés por la moneda nacional

Le conté lo que me había ocurrido en la tienda de recuerdos de la casa de Frida Kahlo, en México D.F., hace veinte días, cuando al momento de pagar, me di cuenta de que me faltaba, en pesos mexicanos, el equivalente a un dólar.
Le propuse a la joven vendedora darle el dólar que siempre tengo en la billetera y se lo mostré. La chica tuvo un gesto que me sorprendió: se apartó del mostrador y levantó sus manos mientras me decía "no, dólares no, de ninguna manera". Sin duda, podríamos decir que su reacción se corresponde con un hecho social de la cultura de su país. Ahora bien, para saber, desde el psicoanálisis, qué le pasó a la joven, no tendríamos otra posibilidad que preguntárselo a ella.
Inmersos en el error de la época podría afirmar que, sin tratarse de una comprobación empírica, sería difícil reproducir una escena similar en un comercio de la Ciudad de Buenos Aires, donde veo con cierta tristeza a personas mayores, jubilados, hacer fila en los bancos a principio de mes para cambiar por dólares su magra jubilación, del mismo modo que los jóvenes que pueden, ahorran en dólares para sus vacaciones o proyectos. Y tampoco yo estoy afuera, con mi dólar de la suerte.
Son, entonces, tres generaciones que tienen el hábito o costumbre de proyectar en la moneda extranjera, previa carga libidinal, un lugar de aparente tranquilidad en cuanto al modo de ahorro más seguro en el corto y mediano plazo. Con idas y venidas, ocurre hace 50 años, la línea de tiempo entre un jubilado y un joven que empieza a trabajar, con los picos provocados por cualquier circunstancia que provoque incertidumbre social, como el período de transición que ahora nos convoca en cuanto al cambio de gobierno.
Ahora bien, dónde metemos esa fantástica reflexión de Freud cuando dijo que si el deseo se acomoda, todo se vuelve más sencillo. Claro que el padre del psicoanálisis no se refería al deseo como anhelo o querer consciente, hablaba del deseo, motor del aparato psíquico, tan difícil de acceder y descifrar. Me refiero a que, algo del deseo está presente en la pregunta de este artículo. O sea, qué pregunta un especialista en economía cuando se interroga sobre la repetición de un resultado que conoce perfectamente en causas y consecuencias históricas. Subyace en el enunciado del interrogante una posición subjetiva, su propia posición en relación con el objeto moneda nacional, en el deseo personal de arremeter con carga libidinal sobre el mismo.
En la proyección e introyección del otro, de un objeto, imaginamos, fantaseamos y construimos nuestro propio universo psíquico. No es posible sin estas operaciones. Por lo tanto, yo imagino, proyecto, que, por debajo de la pregunta de mi interlocutor, puede haber algo de mi propio deseo libidinal frente al objeto moneda nacional, peso argentino, distintos nombres, etiquetas, frente a un objeto que podría volver a jugar un papel de identidad en lo colectivo, de fuerte valor simbólico.
Entonces, podemos tomar la fuga colectiva de la carga libidinal como el síntoma que nos convoca para trabajar, para transformarlo y poder investirlo, con mucho esfuerzo, de valor de identidad, seguridad, confianza, sostenido en el tiempo.
(*) Abogado, psicólogo social (Esc. Pichón Rivière) y licenciado en psicología UBA. En la actualidad, trabaja como defensor oficial en la Ciudad de Buenos Aires.


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