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El doble crimen en un pueblo de 3.000 personas
Para la época del doble homicidio, Carlos Lemos era policía rural. El fiscal del caso lo convocó para ayudarlo en la pesquisa. Tres años después, Nicolás Lemos, hijo del investigador Carlos Lemos, es el único detenido de la causa y principal acusado del doble homicidio. Es más, va a juicio y podrían condenarlo a perpetua. Su padre lo defiende y dice que a su hijo lo metieron preso para salvar al verdadero autor.
Para Lemos, de arranque había que investigar al sobreviviente de la masacre familiar. También apunta a un vendedor de drogas local como el encargado de sembrar la pista contra su hjo Nicolás. Es más, un hijo de ese presunto vendedor de drogas fue quien inculpó a Lemos como el responsable de los homicidios.
Lo extraño del caso, al margen de la inocencia o culpabilidad de Lemos, es la brutalidad de los homicidios. Según las autopsias, Gáspari presentaba heridas de arma blanca y también disparos de escopeta en el hemitórax, mientras que la madre había recibido una perdigonada en la zona pelviana.
Carlos Lemos intenta demostrar que metieron preso a su hijo y lo culparon del doble asesinato para resolver un caso que a nivel local "quemaba" y además como represalia contra él porque investigaba no sólo al vendedor de drogas local, sino a los policías que lo protegían.
Para la fiscalía, hay indicios para llevar a Lemos a juicio. Una escopeta, una mochila y otros objetos, al parecer usados en el doble homicidio, fueron encontrados en un monte entre la casa de las víctimas y la casa del vendedor de drogas, cuyo hijastro imputó al hijo de Lemos.
En la fiscalía intentan establecer si Lemos y los hijastros del vendedor de drogas actuaron juntos y entraron a robar a la casa de las víctimas, y las terminaron matando para salir impunes del asalto. En esta línea de trabajo, la fiscalía apunta al vendedor de drogas local como el presunto autor ideológico del asalto en el que habría juntado las voluntades de sus hijastros y de Nicolás Lemos.
Lo cierto es que el caso no tiene prueba directa, ni genética que incrime al detenido con los homicidios.
El Tribunal de Mercedes deberá determinar si los indicios que hay en la causa alcanzan para condenar o no.
A tres años, el misterio de la masacre de Moquegua sigue inalterable. Basta con imaginar la indefensión de las víctimas al momento de ser atacadas para dimensionar el tamaño de este drama.
El estampido de la escopeta. Las víctimas terminando de cenar. La noche que recién arrancaba, y varias preguntas qué persisten. ¿Por qué los mataron? ¿Todo fue por un robo? ¿El detenido es uno de los homicidas? El juicio será una primera respuesta a esta historia.

