Con el 0,45% que sumó ayer, el Promedio Industrial se anota cuatro semanas consecutivas en suba (en la última avanzó un 0,29%) al estacionarse en 1.5615,55 puntos, apenas 4 milésimas porcentuales debajo del máximo histórico que estableció 72 horas antes. Si alguien quiere saber por qué no hablamos demasiado sobre "la cocina" del mercado -prefiriendo abocarnos a cuestiones más de fondo y de largo plazo- es simplemente porque en un escenario alcista como el actual, las subas no necesitan ni resisten demasiadas justificaciones (más allá del ánimo de los inversores). Que papeles tan disímiles como Boeing y el JP Morgan lideran las subas del viernes en el Dow, en tanto Chevron con su desilusionante balance encabezara las bajas ejemplifica lo dicho. Del 74% de los integrantes del S&P 500 que presentaron balances este trimestre, el 68,5% mostró ganancias mayores a las esperadas y el 53,3%, ingresos superiores. Estos valores son buenos, pero nada extraordinario y están lejos de justificar el 19% que gana en el año el Dow, el 24% que suma el S&P 500 o el 30% del NASDAQ. En todo caso, para el observador de largo plazo es más interesante lo que está sucediendo en el mercado de renta fija. Allí, desde el mínimo del 23 del mes pasado la tasa a 10 años ha trepado 14 puntos básicos al 2,62% anual, lo que si bien está lejos del 2,98% de principios de septiembre, sugiere que hay quienes está volviendo a posicionarse para un período de menor benevolencia monetaria. Mientras tanto, en las próximas horas Twitter verá por primera vez la luz como empresa cotizante, posiblemente alimentando aún más el buen humor de los inversores. Sabemos que todo llega a su fin, la pregunta es cuándo.
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