10 de abril 2018 - 00:00

El drama, una marca a fuego de los presidentes

VIGILIA. La presidenta del PT, Gleisi Hoffman, es una de las líderes del campamento en reclamo a la liberación de Lula en Curitiba.
VIGILIA. La presidenta del PT, Gleisi Hoffman, es una de las líderes del campamento en reclamo a la liberación de Lula en Curitiba.
Río de Janeiro - Suicidio, golpe de Estado, "impeachment", escándalo o prisión: si sos elegido presidente en Brasil tenés prácticamente garantizado un trágico destino.

La vertiginosa caída de Lula da Silva -detenido el sábado en Curitiba para cumplir una pena de 12 años y un mes de prisión- fue 'business as usual'.

Los presidentes de Brasil viven en un increíble palacio diseñado por Oscar Niemeyer, disponen de grandes reservas petroleras, gobiernan un país con 209 millones de habitantes, con la mayor selva del mundo pero, por alguna razón, las cosas acaban torciéndose.

Al menos, Lula culminó sus dos mandatos: en 2003 y 2010.

Su sucesora Dilma Rousseff, a la que ayudó a ganar, fue destituida por el Congreso acusada de haber manipulado las cuentas públicas en 2016, a mediados de su segundo mandato. Quien tomó la banda presidencial verde y amarilla fue su vicepresidente, Michel Temer, quien cuenta con una popularidad del 5%.

El mandatario se mantiene en pie pese a que su futuro es incierto: el año pasado, fue denunciado dos veces por corrupción, convirtiéndose en el primer presidente de Brasil en ejercicio en ser señalado de un crimen común. Por el momento, está protegido por la inmunidad presidencial.

En 1992 Fernando Collor de Mello también sufrió un "impeachment" (juicio político) acusado de corrupción y dejó el cargo tras dos años de mandato.

Y solo como muestra, otro de los cinco expresidentes vivos del país, Jose Sarney (1985-1990), también es investigado por corrupción.

Sarney llegó a la presidencia como compañero de fórmula de Tancredo Neves, que ganó la primera elección democrática tras la dictadura iniciada en 1964, pero murió antes de tomar posesión.

"Hacer política es una operación de riesgo", decía Angela Alonso en su columna del domingo en el diario Folha de S.Paulo. "En Brasil, hay riesgo de perder la elección, tu libertad (la prisión está en boga) y tu vida".

Eso fue especialmente cierto para el presidente Joao Goulart, quien asumió como presidente en 1961 -después de la renuncia de Janio Quadros, que apenas duró medio año en el puesto- y fue depuesto por el golpe militar. Pasó el resto de su vida en el exilio y murió en Argentina en 1976 oficialmente de un ataque al corazón, aunque hay versiones de que fue envenenado.

Pero el caso más trágico de los presidentes de Brasil fue, sin duda, el de Getulio Vargas. El populista gobernó el país en dos períodos entre los años 1930 y 1950 haciendo grandes esfuerzos por transformarlo hacia su industria energética.

El 24 de agosto de 1954 se disparó en el corazón con un revólver dentro del palacio presidencial, dejando una nota al pueblo brasileño: "Les di mi vida, ahora les ofrezco mi muerte".

Agencia AFP

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