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“El Estado debe ser una caja de cristal”

Periodista: ¿Comparte el pedido del Banco Mundial, que reclamó a las autoridades peruanas políticas de integración social?
Guillermo Palomino: Absolutamente. De 2000 a 2010 casi se triplicó el presupuesto, hasta 98.000 millones de soles (u$s 35.600 millones). Sin embargo, no veo tres veces más hospitales, ni carreteras. Las últimas obras que se hicieron en muchos pueblos fueron en los 90.
P.: Sobre aquellos años hay también malos recuerdos en cuanto a la ampliación de la brecha social y un final recesivo.
G.P.: Creo que es difícil compararlo con nuestros días. Lo que se hizo en los 90 fue reconstruir una economía quebrada, con una inflación del 7.000%; el 7% o el 8% de déficit fiscal; con el terrorismo dominando el 30% del territorio. Se tenía que privatizar empresas, abrir las puertas a la inversión y reformular el Estado. Luego hubo dos fenómenos adversos: la corriente del Niño y la crisis asiática. Con todo ello en diez años, la economía creció un 50%, un promedio del 4% anual, y se bajó la desnutrición infantil del 37% al 25%. Hay zonas de Perú donde es del 70%.
Crecimiento
P.: ¿La economía peruana no corre el riesgo de quedar atrapada en las exportaciones primarias del agro y la minería?
G.P.: Las inversiones mineras maduran en entre tres y once años, y siguen llegando. Pero el crecimiento de las exportaciones no tradicionales es más alto que el de las primarias, y el de la demanda interna lo es mucho más. El crecimiento 2000-2010 fue en promedio del 5%, con las mismas bases que en la década anterior. En 2010, el PBI de Perú subió un 8,8%. Tenemos que hacer más eficiente al Estado, reducir aún más la cantidad de programas sociales para llegar a más gente y construir mejores puertos. Los planes sociales vigentes tienen un alto grado de filtraciones a la hora de llegar a la población objetiva, padecen un alto costo administrativo.
P.: ¿Las ganancias mineras no se tocan?
G.P.: Ése es un caballito de batalla de Ollanta Humala. Las empresas suscribieron un acuerdo de contribución voluntaria que vence este año, y existe la voluntad y la necesidad de suscribir una nueva contribución para alcanzar un mayor margen sobre el resultado operativo.
Techint
P.: ¿Qué plan tienen para Camisea, la explotación de gas en la que participa Techint?
G.P.: Camisea tiene hoy una óptica distinta que la que hubo cuando arrancó el proyecto, hace once años. En ese entonces, la inexistencia de demanda lo hacía difícilmente financiable, por lo que, como único camino, se pactaron precios para hacer viable la explotación y se orientó a la exportación. Ahora que tiraron el tubo de la selva a la costa y de Pisco a Lima existe la demanda y los precios volaron. Es cierto que se exporta sin abastecer al mercado local. No queremos renegociar, pero sí creemos que cuando en ocasiones anteriores se abrió la puerta para repautar condiciones, el Estado debió haber pisado más fuerte.
P.: ¿Nunca más la corrupción del fujimorismo?
G.P.: El programa de Keiko lo dice muy claro. Reconoce con humildad que el fujimorismo tiene una deuda con el país en materia de corrupción. Queremos un Estado que sea una caja de cristal. Necesitamos también una Justicia más rápida y vamos a respetar la Contraloría General de la República.


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