19 de agosto 2013 - 00:00

El excelente blues de Bonamassa cautivó a un Luna Park colmado

El joven músico y cantante estadounidense estuvo en Buenos Aires por primera vez el año pasado actuando en el teatro Coliseo, y ahora prácticamente colmó el enorme Luna Park, muy  probablemente con muchos asistentes repetidos.
El joven músico y cantante estadounidense estuvo en Buenos Aires por primera vez el año pasado actuando en el teatro Coliseo, y ahora prácticamente colmó el enorme Luna Park, muy probablemente con muchos asistentes repetidos.
Actuación de Joe Bonamassa (voz, guitarras). Con Carmine Rojas (bajo), Tal Bergman (batería) y Derek Sherinian (teclados). (Luna Park, 16 de agosto).

Si de admiraciones fuertes y fidelidades vertiginosas se trata, quizá el ambiente del público guitarrístico-blusero de nuestro país pueda asimilarse al de los cantantes pop apuntados a los adolescentes. Y, si no, que lo diga el joven Joe Bonamassa, un músico y cantante nacido en 1977 en Utica, estado de Nueva York, que estuvo por primera vez el año pasado actuando en el teatro Coliseo, y que ahora prácticamente colmó el enorme Luna Park, bien probablemente con muchos asistentes repetidos.

Niño prodigio del instrumento, fanático del blues desde pequeño, Bonamassa tiene todo como para quedarse con esa gran capacidad técnica que se manifiesta en cualquiera de los instrumentos que aborda, de la guitarra de caja a la eléctrica. Con hacer un montón de pirotecnias y divertirse tocando muchas notas en poco tiempo le alcanzaría para enloquecer a esa multitud que lo vio en el estadio del centro porteño. Pero da unos cuantos pasos más y muestra que tiene con qué hacer música además de malabares.

Vino a la Argentina acompañado por Carmine Rojas, Tal Bergman y Derek Sherinian con la intención declarada de presentar su álbum más reciente, "Driving Towards the Daylinght". Pero muy lejos estuvo de atenerse al repertorio de ese disco, del que seleccionó unos pocos temas, como "Who' Been Talking?", de Howlin' Wolf, "Dislocated Boy" o el que da nombre al CD. En cambio, prefirió armar su concierto como si se tratara de una gira presentación, con piezas tomadas de diferentes momentos de su historia.

Arrancó con un set acústico que fue de lo mejor del show. Dedicó la mucho más extensa segunda parte al sonido eléctrico. Armó la lista con muchos "covers" de orígenes diversos, algo muy típico en él, como "Seagull" de Bad Company, "Jelly Roll" de Charles Mingus, "Midnight Blues" de Gary Moore, "Spanish Boots" de Jeff Beck. "Song of Yestçerday" den Black Country Communion, "Mountain Time" de The Who, etcétera. Resolvió con solvencia profesional un problema técnico con su micrófono a la hora de interpretar "Story of a Quarryman", cantándolo furiosamente sin sonido para deleite del público que lo aplaudió de pie (diría después que de chico tomó clases con un cantante de ópera).

Tocó muchas notas y también hubo momentos más calmos. Estuvo muy bien acompañado por sus compañeros de elenco, más apuntados a lo grupal que a los lucimientos personales. Mantuvo la atención de su recital por más de dos horas. Se mostró feliz ante la muy buena respuesta del público argentino: "hoy llamé por teléfono a mi mamá y le dije que iba a tocar frente a 5000 personas. Ya no preciso buscarme un trabajo en serio y puedo vivir de la música", dijo. Y dejó la sensación de que es un artista que todavía tiene mucho para dar y crecer en el mundo del blues y del rock "guitarrístico" y mucho público, sobre todo por aquí, por conquistar.

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