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El fantasma de Sadam desvela a EE.UU. a diez años de su ejecución
Más de 5.000 soldados estadounidenses siguen en el terreno, apoyo indispensable para un ejército iraquí aún incapaz de asumir solo la guerra contra los yihadistas.
En la sociedad estadounidense, que apoyó masivamente la intervención, las heridas siguen abiertas.
El recuerdo del caos iraquí pesó fuerte en la decisión del presidente Barack Obama de no intervenir militarmente contra el sirio Bashar al Asad.
En su campaña electoral, el presidente electo Donald Trump prometió no comprometer nunca más a Estados Unidos en los "cambios de régimen" o en la "construcción de nación".
Mientras, en las élite estadounidense, continúa la introspección para tratar de entender las razones del fracaso.
John Nixon, el primer analista de la CIA que indagó al dictador después de su captura en diciembre de 2003, publicó ayer un libro testimonio, "El interrogatorio de Sadam Hussein", donde afirma que la CIA y la administración estadounidense quedaron encerradas en una falsa visión de aquel.
Lejos de ser un jefe todopoderoso, Husein estuvo durante sus últimos años en el poder "totalmente superado" por lo que pasaba en su país, estima Nixon.
"No prestaba atención a lo que hacía su Gobierno, no tenía un plan real para la defensa de Irak y no tomaba conciencia de la importancia de la tormenta" que se avecinaba y que lo derrocaría, afirma el analista.
"Sadam Husein estaba ocupado escribiendo libros en 2003. Ya no se ocupaba de hacer funcionar el Gobierno", agrega.
Pero la administración estadounidense y la CIA creían sin ninguna duda que "decapitar el régimen baazista haría de Irak un país pacífico", subraya hoy.
Y George W. Bush no aceptará jamás dar marcha atrás en su análisis, explica Nixon, que relata una confrontación esclarecedora con él en 2007 en el Salón Oval.
John Nixon intenta explicar a George W. Bush que interrogó a un Sadam Husein más bien desarmado y que juega con la autoironía, pero el presidente estadounidense da señales de impaciencia y sólo se calma cuando el analista evoca una personalidad "arrogante" o "sádica".
El presidente "sólo escuchaba lo que quería escuchar", estima Nixon.
Según él, en todo caso, a Estados Unidos, contrariamente a lo que se pensaba, no le convenía eliminar al dictador iraquí.
"Aunque constaté que Sadam Husein era un ser extremadamente desagradable, concluí los interrogatorios teniendo un respeto involuntario por la manera en la que logró mantener tanto tiempo la unidad de la nación iraquí", confiesa Nixon.
"Es improbable que un grupo como el Estado Islámico hubiera podido tener éxito bajo su régimen tan represivo", agregó.
| Agencia AFP |


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