20 de agosto 2012 - 00:00

¿El final de la Fed? ¿También de Bernanke?

Washington - Paul Ryan no quiere ponerle fin a la Fed. Pero si el elegido por Mitt Romney como vicepresidente se sale con la suya, podría reducir las facultades del banco central lo suficiente como para dificultarles a sus funcionarios que reaccionen agresivamente ante las turbulencias económicas.

El republicano de Wisconsin ha apoyado legislaciones controvertidas que despojarían a la Reserva Federal estadounidense de su misión de buscar el máximo empleo, y ha sido un crítico acérrimo de la política prolongada monetaria flexible del banco central.

Más aún, Ryan ha insinuado su simpatía por los días en los que el dólar estaba ligado al oro, un régimen que impedía que la Fed imprimiese dinero para ayudar a la economía. Que Romney eligiese a Ryan sugiere que la campaña podría recrudecer sus ataques contra la Fed si el banco central avanza hacia un mayor alivio monetario -tal como esperan muchos economistas-. Sugiere también que bajo un Gobierno de Romney, la Casa Blanca podría buscar restringir las facultades de la institución.

En diciembre de 2010, en un detallado discurso sobre política monetaria, Ryan emitió duras palabras en sus críticas contra la Fed. «No hay nada más insidioso que pueda hacerle un Gobierno a sus compatriotas que degradar su moneda -y sin embargo eso es, de hecho, lo que está pasando», dijo Ryan en un acto organizado por FreedomWorks, un centro de investigación de derecha conocido previamente como Empower America, donde Ryan trabajó como redactor de discursos en los 90.

Algunos analistas consideran que críticas con un lenguaje tan duro son un desafío para la independencia de la Fed, un esfuerzo para disuadir al banco central de asumir el tipo de medidas agresivas y no convencionales que ha seguido bajo la presidencia de Ben Bernanke. La postura de Ryan sobre la Fed apunta a mantenerse dentro de las líneas del libre mercado, con una participación limitada del Gobierno, que ha marcado al plan de presupuesto que lleva su sello y que lo convierte en el favorito de los conservadores del Tea Party.

La campaña de Romney no quiso referirse a las visiones de política monetaria de Ryan. Romney, el casi seguro nominado presidencial de los republicanos, ya ha dicho que no considera que una tercera ronda de medidas de estímulo de la Fed mediante compras de bonos sirva de mucho para ayudar a la frágil recuperación económica.

Además dijo que no volvería a nominar a Bernanke, un republicano propuesto originalmente para el cargo por el expresidente George W. Bush y cuyo segundo período expira el 31 de enero de 2014. Ryan, que argumenta que la compra de bonos del banco central le ha permitido al Congreso demorar la toma de decisiones difíciles sobre el recorte del presupuesto, ha dicho que los funcionarios de la Fed manifiestan un exceso de confianza en su capacidad de fijar tasas de interés a niveles apropiados.

Eso sugiere algo de anhelo por la abandonada y en general desacreditada práctica de atar a las monedas directamente a materias primas como el oro. De hecho, Ryan elogiaba un texto de FreedomWorks titulado «Una guía para una moneda sólida», que se remite a los días cuando «nuestros fundadores (...) exigían que el dólar fuera definido en pesos precisos de metales preciosos».

Ryan dijo que el documento era «las mejores 25 páginas sobre dinero que he leído en mucho, mucho tiempo. Voy a estar haciendo publicaciones sobre esto en Twitter y en Facebook todo el día, toda la semana, alentando a las personas a leerlo», dijo a la audiencia en el evento. En 2008, Ryan patrocinó un proyecto de ley para obligar a la Fed a concentrarse únicamente en la inflación y recientemente apoyó una legislación propuesta por el saliente representante de Texas, Ron Paul -autor de un libro titulado «El final de la Fed»- que expondría las decisiones del banco central sobre política monetaria a una auditoría del Congreso.

Quienes apoyan a Paul buscan agregar auditorías a la Fed en la plataforma electoral de los republicanos. Bernanke ha alegado que el proyecto de Paul, que pasó cómodamente por la Cámara de Representantes pero que nunca fue aceptado por el Senado, sería una «pesadilla» para el banco central y que amenazaría su independencia.

Romney ha dicho que está a favor de una auditoría a la Fed, pero no ha apoyado explícitamente el proyecto. El respaldo de una Casa Blanca encabezada por Romney podría darle fácilmente a la legislación el ímpetu que requiere para convertirse en ley si los republicanos ganan el control del Senado en la elección del 6 de noviembre.

Agencia Reiters

Dejá tu comentario