24 de febrero 2010 - 00:00

“El género, en literatura, deja una marca muy fuerte”

Aunque escribió otras obras, Liliana Bodoc reconoce que «la gente requiere más de ‘La saga’. Hay innumerables ejemplos de ese reclamo, que pasa a ser un estigma, y al mismo tiempo uno tiene que agradecer».
Aunque escribió otras obras, Liliana Bodoc reconoce que «la gente requiere más de ‘La saga’. Hay innumerables ejemplos de ese reclamo, que pasa a ser un estigma, y al mismo tiempo uno tiene que agradecer».
«Estoy preparando una sorpresa para los lectores de La Saga de los Confines, pero me va llevar aún unos años», comenta Liliana Bodoc, a quien esa trilogía que la convirtió en una aclamada escritora profesional y que ahora, celebrando sus diez años, sale en edición de lujo. «La Saga de los Confines» lleva vendidos más de 160 mil ejemplares en nuestro país y América Latina, fue traducida al inglés, holandés, alemán, francés, italiano, portugués y japonés, y conquistó numerosos premios. La licenciada en Letras Bodoc nació en Santa Fe, residió en Mendoza y en Buenos Aires y ahora está viviendo en San Luis, en «El Trapiche», un pueblito de la zona serrana «del que difícilmente quiera irme», dice. Desde allí dialogamos con ella sobre el conjunto de su obra.

Periodista: Diez años después del primer tomo de la trilogía de «La Saga de los Confines», ¿qué piensa de esa obra que la colocó en un lugar singular dentro de nuestra literatura?

Liliana Bodoc: Yo empecé con «La Saga» y, de algún modo, sigo con ella porque de toda la obra que escribí después, a pesar de que hay libros que han tenido muy buena suerte editorial, otras más o menos, pero ninguno, ni remotamente, la suerte de «La Saga de los Confines», sobre todo en lo que tiene que ver con traducciones, con haberse disparado a los más diversos lugares y edades. Siento por «La Saga», obviamente, mucho cariño. De su mano entré a la literatura. De a ratos me enojo porque siento, y creo que lo sentimos todos los que queremos cambiar, que hay de la gente un cierto requerimiento de que nos quedemos en un lugar, y uno se lo quiere sacar de encima, pero corcovea, y está muy agarrada. Acabé por entender eso, porque como lectora, como espectadora, a veces me pasa de reclamarle al autor de textos, de teatro, de cine, lo que me gustó de él.

P.: Si se piensa en autores que han influido en su obra, como Tolkien, C.S.Lewis o Urusula K. Le Guin, los lectores van a buscar en ellos eso que alguna vez le dieron . A Joanne K. Rowling uno no sabe qué le puede suceder después de «Harry Potter» con nuevos libros.

L.B.: Creo que va a ser tremendo para ella. El género, en literatura, deja una marca muy fuerte. Por ahí a un escritor de realismo no le pasa tanto. Hay innumerables ejemplos de ese reclamo, que pasa a ser un estigma, y al mismo tiempo uno tiene que agradecer.

P.: ¿Qué pasó con sus lectores cuando encontraron que después de «La Saga de los Confines» usted escribía un libro para chicos, un libro para jóvenes y una ficción que parte de una crónica histórica que remite a la época colonial argentina?

L.B.: Hay gente para todo. Y si bien hay lectores que seguramente dicen: sí, está muy bien «Memorias impuras», pero «La Saga»..., y ponen tono nostálgico. Hay gente que ha celebrado o ha acompañado «Memorias impuras», que tiene más que ver con la literatura adulta y la crónica histórica, con un trazado coyuntural bastante claro. En cuanto a la literatura infantil y juvenil anda por otro carril, el que tiene que ver básicamente con las escuelas. Pero en lo que tiene que ver con la vidriera, «La Saga» sigue llevando la delantera, y hay gente que ha aceptado «Memorias impuras» y «Presagio de Carnaval»: es un puñado frente a los que siguen defendiendo a «La Saga».

P.: «Presagio de Carnaval», su último libro hasta ahora, ¿es un intento de iniciar otro camino, de explorar lo trágico?

L.B.: Es una novela breve, realista, claramente para adultos. Es que me siento a escribir y escribo lo que siento. Otra cosa no me sale. Y la repetición no me gusta. No me gusta abusar de algo que salió más o menos bien. A «Presagio de Carnaval» le está yendo bien. Es otra búsqueda, tiene que ver con el modelo de la tragedia clásica. Está metida muy rigurosamente en ese molde, con todos los tópicos de la tragedia.

P.: ¿Cuando define algunos libros suyos como «para adultos», es porque en ellos hay erotismo y violencia?

L.B.: Tiene que ver con el contenido, con escenas que no sólo por violencia o por sexualidad requieren de otra experiencia de vida, de otras nostalgias, de otras preocupaciones, que felizmente uno puede suponer que un chico todavía no tiene por qué decodificar. Uno supone que son libros para adultos también porque hay una forma y una estructura literaria, con voces narradoras diferentes, con temporalidades mezcladas, que a un chico posiblemente le dificultaría mucho la lectura. Aunque hoy día ¡hay unos niñitos qué Dios nos libre!

P.: Esos que leen la serie de libros de Stephanie Meyer.

L.B.: Hay un grupo que se ha acostumbrado a leer series, trilogías, obras con mayor extensión, y eso está muy bien, mucho mejor si está acompañado de calidad. Pero el solo hecho de entrar en la serie que comenzó con «Crepúsculo», la sola extensión requiere de una paciencia y de una voluntad lectora que es para aplaudir. En la línea divisoria entre literatura para adultos hay mucho para decir, es una línea muy ambigua, muy cambiante. Joyce, Proust ¿son categóricamente para adultos? Sí. ¿Para cualquier adulto? No, si es una persona que nunca ha leído, sería cruel decirle que lea «En busca del tiempo perdido». Creo que la línea tiene más que ver con la experiencia y la capacidad lectora que con la edad. Estoy yendo a un Congreso Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil, que se hace en Chile, y como ocurre en esos encuentros, el gran tema es: ¿existe la literatura infantil y juvenil como tal? ¿Dentro de qué parámetros la encerramos?

P.: ¿Mantiene su gusto por el realismo mágico?

L.B.: Sin duda no está en la punta de la narrativa actual. Pero esas obras son lugares de amor, de pasión profunda para uno. García Márquez -tengo 52 años-, fascinó mi adolescencia. Es un lugar donde una va a abrevar emociones. Y de la emoción salen disparadas muchas cosas. Puedo leer a escritores como Brizuela, como De Santis, que me parecen excelentes, pero aquello fue otra cosa porque tenía la emoción a flor de piel, que es lo que hay que tener para que algo se vuelva inolvidable.

P.: A usted el género por el que se la conoce es la fantasía heroica, esa épica legendaria que gustaba tanto a Borges.

L.B.: Lo mío, por lo menos en «La Saga», es épica fantástica, nunca realismo mágico.

P.: Dado que se ha convertido en una escritora profesional, ¿qué está escribiendo ahora?

L.B.: La verdad, no puedo parar. Es que el narrar se transformó en el trabajo. Ahora sigo con el coletazo de «Memorias impuras», escribo una nouvelle que viene de la mano de la crónica histórica y se instala en los años previos a los de las luchas de la Independencia. Hasta ahora ese relato lleva en el archivo el nombre de «Capotes y paraguas», en clara alusión a lo que distinguía a un clase social en la Plaza de Mayo.

P.: ¿No piensa volver a «Los confines» la saga que le dio fama?

L.B.: Le puede decir a mis lectores, para no mentirles, que estoy rondando la posibilidad no de una cuarta parte, porque una cuarta parte pide una quinta, una sexta, y eso no se termina nunca, por eso es una épica. Por el momento no paso de apuntes y borradores, me llevarà unos años de escritura. Es un poco lo que hizo Ursula K. Le Guin, en llenar los espacios, los cientos de espacios vacíos que deja una saga, con algo parecido a relatos relacionados con. Tolkien lo hizo con «El Silmarillión» que es mucho menos leído a pesar de que para mí es uno de sus más bellos libros.

P.: Cuando ve que «El Señor de los anillos», «Las crónicas de Narnia», «Harry Potter», pasan al cine, ¿no le da ganas de ver «La Saga de los confines» aunque sea en dibujos animados?

L.B.: Pero, me muero de ganas. Hubo una propuesta hace cuatro años, pero no cerraban los números, son producciones muy caras, aún en animación. Mi agente literario, ahora que «La Saga» sale en inglés y en japonés, cree que eso hará que alguien la tenga en cuenta para el cine. A veces la película hace que la gente deje de lado al libro que le dio origen, pero otras lleva a leerlo, porque parece que siempre da más. Al final creo que se termina equilibrando la balanza. Y los lectores fanáticos que se enojan cuando ven que la película no replica el libro tienen que entender que son lenguajes totalmente distintos,

y que es un disparate querer que una película replique a un libro.

Entrevista de Máximo Soto

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