12 de diciembre 2014 - 00:00

El golpe a la mandíbula de Putin con el petróleo

El golpe a la mandíbula de Putin con el petróleo
 El desplome del petróleo es un golpe a la mandíbula de Rusia y de su líder Putin. Que agrava las consecuencias de las sanciones económicas decididas por Occidente tras la invasión de Ucrania. Y desnuda la fragilidad de una sociedad comandada desde las alturas. Un férreo vértice de escasa transparencia, constituido por un grupo cerrado de amigos alrededor del líder.

Más que todas las naciones exportadoras de materias primas, Rusia disfrutó de la inédita bonanza del mayor ciclo favorable de los últimos 100 años. Dicho ciclo se inició a comienzos del siglo XXI, un regalo tras las nefastas consecuencias del default y la devaluación de 1998. A partir de entonces, Rusia fue uno de los países que más disfrutaron de la prosperidad de los precios alcanzados por el petróleo y el gas. La asombrosa riqueza duplicó el PBI en términos constantes. El PBI, medido en dólares, se decuplicó. ¡El ingreso por habitante, en dólares pasó de 1.330 a 14.300! Recordemos: en 1999, el PBI de Rusia, una nación de 140 millones de habitantes y la más extensa del planeta, era menos de la mitad del PBI argentino, ambos medidos en dólares. En contraste, a mediados de este año, el PBI ruso en dólares excedía en más de tres veces y media el argentino. Es decir, la expansión rusa fue más de seis veces la argentina, desde 1999.

Esa bonanza fastuosa fue distribuida para ganar consenso interno, beneficiando el consumo interno. No puede llamar la atención la alta popularidad del régimen y de su líder Putin. En el proceso se enriquecieron los billonarios bien conectados, especialmente los más vinculados al presidente. Esa bonanza alentó los sueños imperiales del líder, quien intenta reconstituir un bloque de países dependientes. Incluso impulsando aventuras militares en naciones vecinas, como Georgia, Moldavia y más enervante, Ucrania.

El derrumbe del 40% del petróleo, desde junio de este año, pone fin a la fabulosa bonanza. Y las sanciones financieras de Occidente, a partir de julio, desnudan debilidades. El rublo, la moneda rusa, se devaluó en paralelo con el petróleo. Conocemos las secuelas; a la devaluación le siguen alza de precios y de tasas de interés, fuga de capitales, recortes de ingresos, conflictos sociales.

Las sanciones financieras impiden todo refinanciamiento de la deuda externa rusa, pública o privada. Ni siquiera los bancos del Estado chino extenderán créditos, por temor a regulaciones de EE.UU. y Europa.

Las grandes reservas internacionales no son suficientes para hacer frente al cierre del financiamiento externo. En poco tiempo se derriten. Los 420.000 millones de dólares de reservas internacionales que tenía Rusia incluyen oro, por 45.000 millones y dos fondos controlados por el Ministerio de Finanzas, que suman 173.000 millones. El banco central ruso controla sólo parte de esas reservas. En tanto, los pagos de la deuda insumirán 130.000 millones entre diciembre de 2014 y diciembre de 2015. Además, las autoridades proyectan una salida de capitales de 125.000 millones. A eso se agregan los vencimientos de la deuda de entes estatales y privados, y los incentivos a acelerar pagos al exterior en situaciones de crisis. Las probabilidades de un cepo cambiario y un "corralito" acechan.

El Estado ruso enfrenta crecientes gastos militares y de seguridad por su invasión en Ucrania y las necesidades de controlar a la población local ante mayores rispideces sociales. Al mismo tiempo, los intentos del Gobierno de encontrar nuevos mercados para el gas en Oriente no parecen exitosos. China no decidió todavía adelantar los fondos previstos y Turquía tampoco avanza en sellar un contrato.

Una vez más comprobamos que las bonanzas pueden servir para constituir liderazgos personales o para fortalecer las instituciones, el imperio de la ley igual para todos, de modo de desarrollar a la sociedad. Es tentador lo primero, con réditos personales de corto plazo. Pero las sociedades que verdaderamente aspiran a desarrollarse optan por la democracia basada en la transparencia, la inclusión, la competencia y equilibrios macroeconómicos que enriquecen a los pueblos más que a sus gobernantes. Un Gobierno refractario, que no incluye todas las visiones e intereses, pierde inteligencia. Se ratifica que el endeudamiento en dólares puede ayudar, en una etapa, pero es muy peligroso en naciones subdesarrolladas y volátiles, atadas a pocas materias primas. El peso de la deuda externa aumenta exponencialmente cuando se devalúa la moneda.

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