La voz de los que no tienen voz solamente se puede constatar a través de los índices. Y estos manifestaron no solamente un lamento, sino pareció lo de ayer llanamente: un grito. Especialmente en Europa, se convirtió en casi un alarido. Mientras Grecia prometía hacer deberes encomendados, pero con evidente barniz «sofista», la mira de la oferta iba expandiéndose a lo largo de los recintos y la «mochila» se fue cargando de cuestiones. Resultó un lunes donde no pudieron utilizarse nuevos maquillajes. Y se perfiló como la necesaria y profiláctiva zona de «corrección», para ajustar los índices a la realidad de fondo en las economías. Nadie pudo salirse de un pequeña senda que llevaba directo a una rebaja de escalones. Desde Shanghái -con casi un 3% de recorte-, pasando toda Europa con promedio de un 2%, el Dow Jones tuvo que ajustarse en más del 1 por ciento.
En la ocasión la sacó muy barata la poda en San Pablo, apenas con el 0,4% de baja. Y la llegada de la onda expansiva que atacó al Merval comiéndole el 1,8% en su versión principal, las diferencias fueron elocuentes, donde solamente se anotaron «7» plazas con aumentos, mientras que nada menos que «60» papeles tuvieron que pagar, al pasar por la casilla de «peaje» bursátil. Ni siquiera la pobrísima expresión repetida, de solamente $ 27 millones de efectivo en acciones, resultó trinchera capaz de resistir el avance de una oferta: que se mostró bien agresiva. Mayo encontró un gran bache en el medio: y habrá que ver la dimensión del mismo. La Bolsa, un grito.
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