29 de enero 2009 - 00:00

El Irízar, cada vez más lejos de volver a la Antártida

Nilda Garré
Nilda Garré
El astillero Aker Yards cobró el cheque de 600 mil euros (en Francia) por la confección del master plan técnico para reparar el rompehielos Almirante Irízar. Y comenzó la odisea de volver a la vida los hierros retorcidos por el fuego de la nave insignia de las campañas antárticas. Ahora que se sabe qué reparar y cómo hacerlo, y el brazo ejecutor será el estatizado Tandanor. Un escuálido enjambre de obreros navales se mueve en el interior del reompehielos que yace a flote en el muelle del denominado Complejo Industrial Naval Argentino, CINAR, sigla resultado de la asociación técnica entre dos astilleros, el estatizado Tandanor y el de la Armada, Almirante Storni (ex Domecq García), cuyo predio es contiguo al emplazamiento del Syncrolift, especie de ascensor de buques que pertenece a Tandanor. Como todo tiene que tener un marco institucional y burocrático, antes la ministra de Defensa, Nilda Garré, y el presidente de Tandanor, Juan Atilio Basola, suscribieron un acta de acuerdo que tiene por objetivo el acercamiento estratégico entre la Armada Argentina y esa empresa estatal. En definitiva, será Tandanor con sus operarios dirigidos por Jorge Moreno, secretario general del gremio de trabajadores de talleres navales, quienes echarán mano a la reparación bajo la dirección de obra del astillero finlandés Aker. La orden del contralmirante Juan Carlos Palma, encargado del proyecto de reparación, a los supervisores criollos fue terminante: no se corta ni se suelda ninguna chapa sin previa autorización de los ingenieros de Aker.
El contrato establece la finalización de las tareas de reparación y modernización en un término de dos años. Lapso que en la Argentina y con una crisis internacional que aún no mostró su peor escenario parece poco verosímil de cumplir. El lugar donde se celebraron las obligaciones contractuales, París, indica a las claras que el astillero finlandés no desea verse sujeto a la jurisdicción argentina en caso de controversias por el contrato de dirección de la ingeniería naval de la reparación y modernización. Si todo sale como está planeado, el Irízar tendría una serie de novedades tecnológicas que lo pondrían otra vez a la vanguardia de los rompehielos de la región.
El proyecto de actualización prevé cambios para que el rompehielos cumpla con el concepto de buque comandado desde un puente integrado. Una sola persona, el oficial de guardia, manejará y controlará la totalidad de las funciones del navío desde el puente asistido por un sistema de 28 cámaras de TV con display de alta resolución para monitoreo permanente de todos los sectores importantes del barco, inclusive la sala de máquinas. Epicentro del fuego que lo devoró en marzo de 2007. Está planeado cortar y retirar aproximadamente 600 toneladas de chapa de acero naval especial, material que perdió sus características de resistencia debido a las altísimas temperaturas alcanzadas durante el incendio. Se incorporará un sistema de abandono más seguro para un eventual caso de siniestro. De acuerdo con las normas de la Organización Marítima Internacional (normativa de cumplimiento obligatorio para 2011), contará con cuatro botes con capacidad para 80 personas, cerrados y autopropulsados. Las actuales balsas salvavidas autoinflables quedarán instaladas, duplicándose los sistemas de abandono.
La Dirección General de Material Naval de la Armada, a cargo del vicealmirante Carlos Manino -sucesor in péctore de Godoy en la Armada-, tiene la responsabilidad básica de llevar adelante el Sistema Logístico Naval, es el área por donde pasan los mayores recursos destinados a la estructura de apoyo logístico a los buques de guerra. De allí se manejan, en paralelo con la nonata Agencia de Logística de la Defensa, los fondos que insume el trabajo de reparación integral del Irízar, todo sea por aventar fantasmas de corrupción. La demora de la designación del ingeniero Juan Luna, ex director de la Oficina Nacional de Contrataciones Públicas, en la Agencia Logística retrasa las decisiones del plan de reparación. Del intrincado mecanismo ejecutor participa Mirta Irondo -segunda al mando en la Subsecretaría de Planificación Logística bajo la conducción del licenciado Gustavo Sibilla-, que luce custodia personal en los pasillos del ministerio por su condición de testigo en una causa de violación de derechos humanos. Se agrega también la voz de un diplomático; sin gen; el director Mariano Mémolli, quien junto a sus colaboradores de la Dirección Nacional del Antártico, asimilada a la Cancillería, tironea para ampliar el número y la capacidad de laboratorios que debería tener el navío. Raúl Garré, hermano y jefe de Gabinete de la ministra, se suma como negociador y mediador entre dos sectores sindicales en pugna: los trabajadores de Tandanor y los de la Mesa Productiva de Coronel Rosales, localidad asiento del Arsenal Naval de Puerto Belgrano. Estos últimos, liderados por la secretaria gremial Ana Mendoza, de ATE Punta Alta; y Luis Buide, presidente de la Cámara de Talleres Navales, exigieron a Garré (hermano) el retorno del rompehielos a Puerto Belgrano para finalizar allí las tareas de carenado.

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