Una noche, Sabur, un campesino muy pobre de la imaginaria aldea de Shadbag, que desde la infancia conquistó amigos relatando historias fantásticas de la tradición oral, para que sus hijos, Abulá y Pari, se duerman les cuenta que hubo una vez un hombre que tuvo que entregar a unos de sus hijos a un ogro, un hombre de la bolsa que se llevaba un chico para comérselo o robaba todos los que había en esa casa. El hombre lo entregó, pero luego fue a rescatarlo al castillo del ogro y encontró que su hijo estaba feliz, que era cuidado, que vivía bien y comía bien, que era educado y tenía un futuro, y tuvo que decidir si lo dejaba allí, protegido por el ogro, o se lo llevaba con él. Decide dejarlo allí. Y el ogro le dio un frasco con una bebida para el camino, que él bebió. Y al regresar había olvidado todo, y si le preguntaban por aquel hijo suyo que había ido a rescatar no entendía de quién se le hablaba.
Así, con esa fábula que remite a los cuentos orientales, a la tradición de "Las mil y una noches", comienza la novela "Y las montañas hablaron". Sabur busca justificar frente a sus hijos lo que va a hacer: vender a su hija Pari, de 3 años a una familia rica de Kabul, porque la mujer que la quiere, la poeta Nila Wadhati, no puede tener hijos y ha quedado encantada con la chica. El quiere alejar a Pari del hambre y la pobreza. Eso desgarra a Abudlá, el hermano de 10 años, que ha cuidado de Pari desde el momento en que su madre murió en el parto. Esto ocurre en el otoño de 1952 y el reencuentro de los hermanos, conmovedoramente dramático, recién ocurrirá en el invierno de 2010, muy lejos del Afganistán natal. Durante esos casi 60 años, Khaled Hossseini despliega un extraordinario universo coral con nueve historias principales, que son como cuentos entrelazados, cada uno con su propio narrador, y que en vaivenes recorre ese territorio desmantelado por golpes de estado, la invasión soviética, la guerra civil, el arribo de los talibanes y la intervención bélica estadounidense.
Abriéndose como ramas de un árbol, las historias se quedarán en Shadbag y en Kabul o pasarán a Paquistán, París, Estados Unidos, Madrid, y cada personaje tendrá su propio mundo. Así, junto a los grandes protagonistas de los que se sabe detalladamente, otros de forma condensada cuentan su vida y la de los que los rodean. Vidas siempre jaqueadas por dramas y tragedias. Se sabrá de triángulos amorosos, de celos, envidias, suicidios, erotismo distanciado y sexualidad orgiástica, exilios desesperados y cambios de vida planificados y opulentos, habrá un hijo que se cree descendiente de un héroe generoso y descubre que era un feroz criminal de guerra, descendientes que ya instalados en Europa o Estados Unidos ignoran todo del horror de donde provienen.
En una entrevista que le hacen en París a la poeta Nila, viuda de un magnate, madre adoptiva de Pari, confiesa que contempla "el proceso creativo como una empresa necesariamente vil. Si se hurga en una obra literaria exquisita se encontrará toda clase de bajezas. Crear significa saquear vidas ajenas, convirtiendo a sus protagonistas en partícipes de todo involuntarios. Te apropias de sus deseos, te embolsas sus defectos, los despojas de sus sueños, de sus sufrimientos. Tomas lo que no te pertenece. Lo haces de un modo consciente". Algo así es lo que hace Hosseini en esta su obra más compleja e interesante, que tiene tanto de realismo mágico como de realismo duro de tradición dramática y hasta folletinesca, en el sentido dickensiano, donde con una escritura simple y por momentos poética se aleja, sin perder atractivo, del mundo de los talibanes contado en "Cometas en el cielo" y "Mil soles espléndidos" con los que lleva vendidos 38 millones de ejemplares en 70 países.
| M.S. |



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