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El legendario Bashmet decepcionó al Colón
Yuri Bashmet, considerado uno de los más grandes violistas de la historia, desconcertó al Colón en su presentación.
Yuri Bashmet es considerado uno de los más grandes violistas de la historia. Sus registros discográficos son una referencia y el aprecio y la admiración que directores, compositores, discípulos y colegas le profesan difícilmente pueda ser infundado.
A los 61 años, y en plena madurez artística, su visita junto a su ensamble de cuerdas, Los Solistas de Moscú, prometía ser uno de los acontecimientos de un año de por sí excepcional para la música clásica en Buenos Aires. El resultado fue, al menos en lo que a su actuación como instrumentista se refiere, decepcionante.
Bashmet abordó la famosísima "Sonata para arpeggione y piano" de Schubert (en un arreglo para viola y cuerdas de Dobrinka Tabakova) con una inseguridad alarmante.
Su afinación fue notoriamente errática, su sonido chato y opaco, y su actitud vacilante no parecía la de quien ha recorrido esta obra innumerables veces, porque hasta incluso su musicalidad se vio desmerecida. En contraste, la actuación del ensamble de cuerdas por él dirigido fue magistral en intención, sonido y fraseo.
En la segunda parte, Bashmet tocó en compañía del violinista Andrei Poskrobko y el cellista Alexei Naidenov una pieza del compositor contemporáneo Igor Raykhelson. "Senza volto", dedicada a Bashmet y sus músicos moscovitas, plantea interesantes diálogos entre solistas y ensamble, aunque su extensión parece demasiado acotada para las ideas que puede desarrollar, apreciadas aquí en una buena versión.
La labor de Bashmet como director convenció más, desde el Divertimento para cuerdas en re mayor KV. 136 de Mozart hasta el final del programa, con el arreglo de Mahler del cuarteto "La muerte y la doncella" D. 810 de Schubert.
Asombró aquí la uniformidad de los arcos, el empaste, el cuerpo del sonido y la claridad de ideas; sobre esta plataforma, desde la chispa mozartiana hasta la desgarradora profundidad schubertiana tuvieron un vehículo de primer nivel.
Los números escuchados fuera de programa (la "Pol-ka" de la "Suite Gogol" de Schnittke y un vals de Toru Takemitsu, de la banda sonora de la película "El rostro ajeno/Tanin no kao", de Hiroshi Teshigahara, 1966) contaron con el plus de energía y entrega que tal vez le faltó al resto del menú.


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