El lobo se está poniendo los pantalones

Edición Impresa

Una paliza. Lo ocurrido ayer no merece otra definición. Claro que las palizas pueden ser inmerecidas o merecidas. Por segundo día consecutivo, los republicanos bloquearon -hoy tienen otra oportunidad- la propuesta de reforma al sistema financiero que lanzó el presidente (aunque el proyecto lo introdujera el Senado, la verdad es que surgió del Poder Ejecutivo). Es claro que la estrategia de poner en el banquillo de los acusados a la gente de Goldman Sachs -que ayer sudó la gota gorda- para apretar indirectamente a quienes no están de acuerdo con Obama no está funcionando (existe el peligro de que el tiro -las acusaciones contra la casa bancaria- les termine saliendo por la culata a los demócratas: ayer las acciones de Goldman treparon un 0,15%).

Pero esta noticia, como se vienen dando las cosas, no es lo que ayer derribó un 1,9% al Dow (la mayor caída en 3 meses), que cerró en 10.991,99 puntos (el S&P500 perdió un 2,34%), sino por el contrario, casi podríamos decir que fue uno de los factores que evitó que la pérdida fuera mayor. La semana pasada hablábamos de la conocida fábula de Esopo sobre el pastorcillo mentiroso y el lobo, vinculando a la crisis griega. Bueno, si bien el lobo no vino, al menos ayer mostró sus narices, bajo la forma de la baja de calificación que recibió la deuda soberana de Grecia y la de Portugal por parte de S&P. La verdad es que si mañana la economía de dos países idénticos a éstos desaparece de la faz de la tierra, lo más probable es que casi nada sucedería. Sin embargo, ayer el dólar salió volando un 1,1% ante al euro, alcanzando el máximo en casi un año. De la mano de quienes todo lo que querían era un lugar seguro donde aparcar su dinero, el oro trepó un 0,7% (el universo de commodities retrocedió un 1,9%), la tasa retrocedió al 3,69% y el volumen del NYSE superó los 1.600 millones de acciones. De nada sirvieron entonces los balances mejores que lo esperado que presentaron Texas Instruments, 3M y DuPont.

Dejá tu comentario