22 de diciembre 2016 - 00:00

El mayor símbolo del poder militar de EE.UU., ¿al borde de su final?

La puesta en marcha del coloso USS Zumwalt tuvo una inversión inicial de u$s22.000 millones, y el costo por unidad ronda los u$s4.200 millones.

FUTURISTA. El USS Zumwalt cuenta con automatismos de última generación y no puede ser detectado por los radares.
FUTURISTA. El USS Zumwalt cuenta con automatismos de última generación y no puede ser detectado por los radares.
Washington - El USS Zumwalt, el destructor más avanzado y futurista jamás construido, estaba llamado a ser piedra angular de EE.UU. en las guerras del futuro, pero sus fallos y su elevado costo podrían convertirlo en la primera víctima de los recortes de Donald Trump. Las posibilidades de un ajuste, que perjudicaría a uno de los principales símbolos de poder del país, se enmarcan en las negociaciones que el presidente electo mantiene con Boeing y Lockheed Martin para conseguir descuentos en la fabricación del nuevo avión presidencial y los F-35, respectivamente.

Pese a que Trump prometió más gastos en defensa, especialmente en la Armada, su estrategia pasa por rebajar el capital de ciertos proyectos militares que excedieron el precio presupuestado.

En USS Zumwalt es el mayor destructor de la historia naval norteamericana y, pese a ello, el que menor tripulación necesita desde los años 30, ya que sólo requiere 142 marinos, menos de la mitad de la dotación de un buque de guerra actual y equivalente.

Se trata de un logro conseguido a base de automatismos de última generación a los que suma su capacidad de ser invisible a radares, ya que, pese a tener una eslora de más de casi 183 metros, su marca en el radar no supera los 15 metros, similar a un barco de pesca.

El destructor es el resultado de un programa de más de 22.000 millones de dólares llevado a cabo por General Dynamics, que comenzó en los años 90 con la idea de botar 32 navíos a un costo por unidad de algo menos de 1.500 millones de dólares, ahora presupuestadas a 4.200 millones de dólares cada uno.

Sólo tres semanas después de la entrada en servicio de la primera unidad en aguas del puerto de Baltimore en octubre pasado, la Armada tuvo que suspender parte del proyecto porque cada misil costaba el desorbitado precio de 800.000 dólares.

En mayo de este año, una auditoría gubernamental sobre el proyecto del Zumwalt halló que solo tres de las once tecnologías requeridas para la entrada en funcionamiento del destructor en operaciones de ataque mar-tierra, especialmente en armamento, aún no alcanzaron la madurez de su desarrollo.

Además, algunos analistas dudan de que el Zumwalt, pensado para dar cobertura en la costa a operaciones de la Infantería de Marina, tenga la utilidad que se esperaba en el ecosistema de defensa actual, dado el papel preponderante de los drones o los bombardeos aéreos desde portaaviones.

Por si fuera poco, en su viaje inaugural el Zumwalt quedó varado a su paso por el Canal de Panamá, poniendo un nuevo borrón a un programa que se arriesga a ser señalado por Trump como demasiado oneroso, como ya ocurrió con el caza F-35 o la renovación del "Air Force One", el famoso avión presidencial. En ese sentido, Trump mantuvo ayer un encuentro con los CEO de Boeing y Lockheed Martin para "obtener descuentos" sobre su fabricación.

Trump utilizó el ejemplo del programa del caza F-35, que quiere adquirir el Pentágono, cuyo costo "está fuera de control", para recordar la semana pasada que "miles de millones se pueden ahorrar y se ahorrarán en compras militares desde el 20 de enero", día de su toma de posesión.

No obstante, el magnate no quiere un Pentágono o una Armada más pequeña, sino que prometió más gasto militar y en armamento sin especificar sus planes, que, como demuestra la historia en asuntos de defensa, suelen requerir décadas de trabajo y dotación presupuestaria.

El Zumwalt podría sucumbir ante los más urgentes proyectos para finalizar la construcción de dos portaaviones de la clase Ford, submarinos nucleares y drones de la Armada integrados para combate asimétrico, como los que se dan en Medio Oriente.

Además, Trump quiere elevar el número de marinos, que el Gobierno actual quería limitar con la introducción de más automatismos, de 330.000 a 380.000. "El plan es construir más navíos y mantener un mayor número de tropas y aviones", aseguró el mes pasado el senador Jeff Sessions, elegido por el presidente electo como su fiscal general. "Se necesita algo más que palabras -agregó Sessions- para convencer al mundo de que seguimos siendo fuertes".

Agencias EFE y Reuters

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