Desde hace meses viene siendo lógico plantearse algún escenario de salida o cobertura para el caso de que el Congreso no le apruebe la extensión de emisión al Tesoro. Con lo importante que es esto, no debemos olvidarnos de preparar un plan para el caso contrario, es decir que se apruebe la extensión, sobre todo si es a último minuto. Veamos algunos interrogantes que debemos responder: ¿qué ocurriría con el precio del oro?, ¿y con las tasas?, ¿y con el dólar?, etcétera. Partiendo de ahí, ¿cuál sería el efecto sobre los commodities?, ¿y sobre las acciones?, ¿qué pasaría con la economía local?, ¿y la internacional?, etcétera. Estas respuestas debemos, a su vez, encauzarlas en al menos dos caminos: uno es el de una extensión acotada del permiso que vuelva a ponernos en una situación similar a la actual en siete meses; el otro es uno que alcance para pasar sin sobresaltos las elecciones presidenciales de 2012. Finalmente, hay intríngulis adicionales: ¿qué harán de las calificadoras (se habla de que, pase lo que pase, una de las tres grandes está estudiando rebajar antes de un mes el AAA de los EE.UU.)?, ¿el electorado?, ¿los inversores minoristas (es decir, el volumen)?, ¿los bonos municipales?, ¿los flujos de dinero hacia los mercados no centrales?, etcétera. En lo sustancial, la rueda del martes no fue muy distinta de la del lunes, esto es: búsqueda de seguridad sin pánico. El precio del oro avanzó otro poquito, la tasa retrocedió 5 b.p., al 2,95% (la diferencia entre la tasa AAA y la AA es de 65 b.p), y el Dow perdió un 0,73%, cerrando en 12.501,3 puntos. Otra prueba de no pánico: el índice VIX continúa en torno a los 20 puntos, lo que implica la expectativa de una variación diaria del S&P 500 para los próximos meses menor a más/menos el 1,1%; o, dicho de otra manera, que los operadores de opciones no esperan ningún default no avaluado (ni tampoco una gran suba).
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