Si se quiere, podemos culpar a las noticias provenientes de Japón de la baja que experimentó ayer el Dow. Esto es, del poco más del 1% que perdía el Promedio a los cinco minutos de iniciarse la rueda. Claro que si aceptamos este argumento, la decisión nipona de no alterar su actual política monetaria (que tuvo mucho que ver con el 2% que ganó el yen frente al dólar y el 1% que cedió el Nikkei) no puede explicar por qué dos horas más tarde las 30 blue chip mas granadas ganaban poco más de 8 milésimos. A partir de ahí, el mercado fue cediendo terreno de a poco y cuando sonaba la campana de cierre, el Dow se estacionaba en 15.122,02 puntos, habiendo perdido un 0,6%. Cuando examinamos quiénes fueron los "lastres" de Promedio Industrial, anotamos a American Express y Meck, y al hacer la pesquisa por sectores, surgen los bancos y el ramo de la energía. Esto sugiere que el pobre recibimiento que está teniendo la política del premier Abe en realidad no tuvo mucho que ver (al menos, de manera directa) con los vaivenes del mercado (tras la pausa del lunes volvimos a las volatilidades típicas de las últimas catorce ruedas), y que las variaciones de la tasa (si bien el Tesoro tuvo alguna dificultad para colocar títulos a tres años, la tasa a 10 años cedió al 2,195% anual) y algún otro factor fueron lo que realmente afectó el ánimo de los inversores. Es poco probable que este factor hubieran sido las palabras del presidente del BCE, Mario Draghi (para apaciguar a la Justicia germana que investiga el plan de recompra de títulos del BCE), o del expresidente del Banco Mundial Robert Zoellick advirtiendo de los efectos mundiales del desarme de la actual política de inundación de dólares de la Fed. Lo concreto es que los inversores están nerviosos y, aunque no guste, esto siempre es bueno
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