Cito, longe, tarde o Cito, longe fugeas et tarde redeas. Durante las grandes pestes del Medioevo éste era posiblemente el recurso más efectivo que tenía la humanidad para evitar el contagio: ¡rápido!, huye lejos y retorna con cuidado sólo un buen tiempo después que la infección haya pasado (aparecieron la cuarentena, centros de aislación, el anillo de diamantes como amuleto, etc., pero a nivel personal éstos no eran muy efectivos). El origen de esta máxima/consejo se adscribe a Hipócrates (siglo V a.C) y a Galeno (siglo II) lo cual sugiere que hace al menos un par de milenios que los seres humanos venimos utilizando esta estrategia cuando nos azota una epidemia de causas o cura desconocida. ¿Alguien se preguntaba por qué, luego de lo peor de la crisis financiera los volúmenes negociados siguen sin recuperarse a pesar de la suba de los precios de las acciones? Si nos adentramos un poco más en ese pasado, podemos asociar la alta correlación entre los distintos activos y el comportamiento de los pequeños y grandes inversores (institucionales) con la aparición de todo tipo de supersticiones masivas que se dieron en aquel entonces. Apenas un poco de historia y ya tenemos una justificación/explicación racional y etológica para el comportamiento de los inversores en los últimos años. Entre otras cosas, este comportamiento maniático puede explicar por qué el viernes, luego de retroceder un 1,28% en la mañana el Dow redujo la pérdida al 0,39% (cerró en 12.422,06 puntos con lo cual trepa el 0,5% en la semana) a pesar de los rumores (luego confirmados en los hechos) que la calificadora S&P le bajaba de manera significativa el rating a la deuda de 9 países de la eurozona (comenzando por Francia, Italia y España). Es ciertos también que el anuncio no fue sorpresivo, pero aún así significa un cambio de escenario que no es de lo mejor (Grecia se acerca un paso más al abismo, lo que podría disparar un sinceramiento del mercado no demasiado bienvenido por todos). Con el incremento del arribo de los balances del último trimestre, si las cosas siguen más o menos como venían, por ahora no parece haber grandes razones para asustarse. Quienes no huían ante la peste apelaban a Omnia transeunt.
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