25 de enero 2010 - 00:00

El Metallica más hard hizo vibrar a River

Tras el «desplante» de 2003 (no llegaron a la Argentina en su gira de entonces), el público local se reconcilió con Metallica, grupo que volvió al hard rock que le dio fama.
Tras el «desplante» de 2003 (no llegaron a la Argentina en su gira de entonces), el público local se reconcilió con Metallica, grupo que volvió al hard rock que le dio fama.
Presentación de «Death Magnetic». Actuación de Metallica. Con Lars Ulrich (batería), James Hetfield (guitarra, voz), Kirk Hammett (guitarra) y Robert Trujillo (bajo). (Estadio River Plate, 21 y 22 de enero).

Los fans argentinos se habían quedado con las ganas en la gira anterior, cuando Metallica habían salido al mundo a presentar su disco «St. Anger» en 2003. En ese momento, un problema de «agotamiento mental y físico» del grupo dejó afuera a una plaza en la que estos músicos norteamericanos tienen una enorme cantidad de adeptos. Antes, habían estado dos veces en el país: en Vélez en el 93 y en River en el 99.

En 1981, el baterista danés Lars Ulrich y el cantante y guitarrista californiano James Hetfield dieron forma a una banda que logró casi un milagro: el de alcanzar popularidad masiva mundial con una música que está entre lo más duro del hard rock, la que terminó conociéndose como thrash metal. Músicos como Cliff Burton, Dave Mustaine, Ron McGovney, Lloyd Grant y Jason Newsted -el último en dejar el grupo en 2001- pasaron por la banda a lo largo de casi 30 años de existencia Y hoy, con «Death Magnetic», el nuevo álbum que vinieron a presentar a la Argentina, y para esta gira que tuvo tres jornadas en nuestro país -dos en el Monumental y una en el Orfeo de Córdoba, todas repletas-, el cuarteto se completó con la virtuosa guitarra solista de Kirk Hammett y con el quizá exageradamente histriónico bajista Robert Trujillo.

Como serios profesionales, incluyeron en su set algunas de las canciones del disco: «That was just your life», «The end of the line», «Cyanide», «A nightmare long». Pero la mayor parte del recital estuvo dedicada, para placer de los miles que los ovacionaron en las dos muy calurosas noches porteñas, a canciones de diferentes tiempos de la banda. El arranque -después de la proyección de una escena del western «Lo bueno, lo malo y lo feo», fue con dos clásicos: «Creeping Death» y «For Whom the Bells Tolls», canciones de 1984 incluidas en el disco «Ride the Lightning». Pero hubo además otros temas más o menos antiguos que enloquecieron a los fans: «Wherever I May Roam», «Harvester of Sorrow», «One», «Master of Puppets», «Nothing else Matters», «Seek and Destroy» (que llegó a manera de bis)-, etcétera.

La música de Metallica no es de digestión fácil. Salvo un período más tirado al pop hace alrededor de una década -lo que les valió el repudio de muchos seguidores-, no hay en lo que hacen «concesiones» a la melodía, ni al ritmo pegadizo, ni al «show». De regreso a la versión más dura de la banda, lo que hicieron en River fue un continuado de acordes «golpeados», de percusión frenética (desde el sostén brutal de la batería de Ulrich), de intensidad elevada, de guitarras distorsionadas, de voces forzadas (inigualable la potencia de Hetfield), de solos guitarrísticos endemoniados y siempre en lo más agudo del mástil (brillante aquí Hammett). Todo pasa por lo que suena. Y por eso no importa a nadie demasiado que no haya grandes despliegues de concierto de estadio -apenas algunos fuegos artificiales y las pantallas de rigor- o que las canciones viejas convivan con las nuevas. Importa el sonido, la energía, la entrega; y hasta el intensísimo calor -aprovechado por los vendedores de agua mineral a 10 pesos la botellita- terminó jugando a favor del resultado final.

Pasaron más de diez años desde la anterior visita de Metallica. Y muchos habían quedado desencantados, y hasta enojados y ofendidos, por aquel desplante de 2003. Pero los 120.000 que finalmente los vieron y escucharon ahora en sus tres jornadas argentinas, seguramente habrán festejado la espera y habrán olvidado viejos rencores.

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