19 de noviembre 2012 - 00:00

El Museo Sívori presentó primer catálogo razonado

A casi 80 años de su creación, el Museo Sívori tiene, por fin, un catálogo razonado de su patrimonio, un importante documento para la investigación de nuestras artes visuales.
A casi 80 años de su creación, el Museo Sívori tiene, por fin, un catálogo razonado de su patrimonio, un importante documento para la investigación de nuestras artes visuales.
Gracias a la Ley de Mecenazgo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el aporte de la Fundación YPF a cargo de Ezequiel Eskenazi y la colaboración de Carolina Llosa de Sturla, el primer catálogo del Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori se terminó de imprimir en febrero de 2012. Acaba de ser presentado oficialmente en la sede del museo por su directora, María Isabel Larrañaga, que en su texto introductorio «Sueños Cumplidos» destaca éste entre aquellos hechos realidad desde que se hizo cargo de la institución hace 16 años.

El Sívori es uno de los museos que más ha crecido en los últimos años, no sólo en el número de visitantes y las tareas educativas que allí se desarrollan sino como sede del famoso Salón Manuel Belgrano y sus Premios Adquisición que han contribuido a acrecentar su acervo año tras año.

Su creación en 1933 fue una iniciativa del concejal socialista Fernando Ghio, que junto a su primer director, el escultor Luis Falcini, unieron criterios para la realización de una colección pública cuya finalidad era mostrar el desarrollo en conjunto de las artes plásticas en el país.

Es así como en 1936 se decide la realización anual de un Salón de Pintura, Escultura, Dibujo y Grabado, análogo al Salón Nacional de Bellas Artes. Esa fue la base de la primitiva colección patrimonial del Museo a la que se agregaron compras directas e importantes donaciones particulares.

Silvia Marrube, del área de Investigación y Archivo de Arte Argentino y Latinoamericano, en su texto acerca de la historia de la institución, destaca la asociación de las nociones de memoria e identidad, el papel central del museo en los debates sobre políticas culturales y la importancia de un patrimonio disponible para las interpretaciones sucesivas que caracterizan a toda memoria viva. De esta manera «las nuevas generaciones encontrarán en este museo todos los antecedentes de nuestra evolución artística», como expresara Falcini en 1936.

En «Museo para Todos», texto de Graciela Limardo, curadora y jefa del Departamento de Museografía, se enfatiza en la proyección educativa y la oferta cultural que ha ido renovándose y diversificando a través de las múltiples experiencias con instituciones educativas, profesorados de Bellas Artes, escuelas hospitalarias, el Moyano, comedores comunitarios, centros de jubilados, las actividades para personas con discapacidades. Constituyen una tradición los cursos y talleres de diversas disciplinas, por lo que «museo» no es una palabra congelada en el tiempo.

Taty Rybak, miembro de la Asociación Amigos creada en 1981 durante la gestión de su entonces Directora Nelly Perazzo, traza su historia, destaca la colaboración permanente cuyos fondos provienen de cuotas sociales, cursos, talleres, la tienda y la confitería, donaciones, auspicios y especialmente la Subasta Anual que se realiza ininterrumpidamente desde hace 13 años y que ha colaborado para la puesta al día de la documentación y el relevamiento fotográfico del presente catálogo.

Carlos Melo, del Departamento de Conservación-Restauración, creación en 1986 del entonces director Hugo Monzón, se refiere a las tareas urgentes llevadas a cabo entonces, entre ellas la restauración de «La Pampa» (1902) de Eduardo Sívori (1847/1918), significativa obra que envuelve la tapa del catálogo. Tan importante es este departamento que obras como «Civilización Occidental y Cristiana» de León Ferrari o la serie de «Los Monstruos» y «La Masacre de los Inocentes», de Antonio Berni, han sido confiadas a los conservadores del Museo. En 2005, después de permanentes reclamos, se recuperaron alrededor de 30 obras que durante décadas se encontraban en la Legislatura porteña, entre ellas, «Chacareros» de Berni, y «Dama Porteña» de Prilidiano Pueyrredón.

El texto principal «Introducción al Arte Moderno Argentino del Siglo XX», a cargo de María Isabel de Larrañaga y Alberto Petrina, recorre y analiza el devenir de las artes visuales argentinas desde la influencia europea, la generación del 80, los ismos de la historia del arte y sus influencias, los cambios generacionales, el papel dominante de nuestra capital, «la París de Sudamérica», así como el de otros centros artísticos del país que hoy constituyen importantes centros artísticos.

Una muy cuidada edición, diseño gráfico del Estudio Marius Ribeiro Villar, reciente Premio Konex, 388 excelentes reproducciones fotográficas a cargo de Otilio Moralejo, 400 páginas, impreso en la Argentina, hacen de este libro un importante documento para la investigación de nuestras artes visuales.

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