8 de noviembre 2010 - 00:00

El Papa cosechó indiferencia y desafíos en España

Activistas homosexuales se besaron al paso del «papamóvil» en Barcelona (arriba), en el marco de una visita de Benedicto XVI que reavivó las tensiones entre el Vaticano y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El socialista no acudió a los actos oficiales y sólo se reunió con el Papa para despedirlo en el aeropuerto (abajo).
Activistas homosexuales se besaron al paso del «papamóvil» en Barcelona (arriba), en el marco de una visita de Benedicto XVI que reavivó las tensiones entre el Vaticano y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El socialista no acudió a los actos oficiales y sólo se reunió con el Papa para despedirlo en el aeropuerto (abajo).
Barcelona - En una controvertida visita a España, Benedicto XVI arremetió ayer contra el aborto y defendió a la familia tradicional, oponiéndose a dos leyes estrella del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. En comparación con viajes anteriores, su presencia no atrajo a las multitudes esperadas y generó llamativas protestas, como la de decenas de parejas homosexuales que se besaron al paso del «papamóvil» en Barcelona.

Ante 6.500 personas que asistieron a la ceremonia en el interior del templo, entre ellas los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, el Papa afirmó que «el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural».

«La Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar», recalcó.

Benedicto XVI hizo estas afirmaciones un día después de suscitar polémica al comparar el «laicismo» actual en el país con el anticlericalismo anterior a la Guerra Civil española (1936-1939), un tiempo en el que hubo persecuciones de religiosos y quema de iglesias. «No había ninguna intención polémica», aseguró ayer en Barcelona el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi. El Papa no pretendía provocar «una confrontación», añadió.

Unas 36.000 personas siguieron la consagración de la Sagrada Familia en las inmediaciones del templo, donde se colocaron sillas y grandes pantallas. Pero como ocurrió ya en la víspera en Santiago de Compostela, la afluencia de fieles en las calles barcelonesas no fue tan nutrida como se esperaba.

El Papa aterrizó el sábado por la noche en Barcelona, procedente de Santiago de Compostela, y tras dormir en el palacio episcopal partió de allí en «papamóvil» poco después de las 9 de la mañana.

Tanto el municipio de la capital catalana como Lombardi dieron una cifra de 250.000 personas movilizadas, incluyendo a las 6.500 personas que albergó la Sagrada Familia y a los 36.000 invitados que siguieron la misa en las inmediaciones del templo. Una misa en la que no estuvo el presidente Zapatero, que impuso la aprobación del matrimonio homosexual y la liberalización del aborto. Asimismo, agilizó el divorcio y avaló la experimentación con células madre, temas que provocan roces con la Iglesia.

El jefe del Ejecutivo, un agnóstico declarado, se vio con el Papa en un breve encuentro en el aeropuerto de Barcelona, antes de que Benedicto XVI se despidiera de su segunda visita a España. Su notoria ausencia fue criticada por los diarios más conservadores del país, como ABC, y el Partido Popular (PP).

Al contrario que en su reciente visita al Reino Unido, el Papa no tuvo que enfrentarse en España con el tema de los escándalos por pederastia. Pero el Pontífice no fue bien recibido por todos. La plataforma «Yo no te espero», integrada por unos 60 grupos contrarios a la presencia del Papa y a los gastos originados por la misma y asumidos en gran parte por la administración pública, llevó a cabo protestas. Y hoy en Barcelona un centenar de gays y lesbianas se besaron en la boca al paso del «papamóvil», cuando Benedicto XVI pasó en el vehículo por la Plaza de la Catedral.

Agencias DPA, AFP y Reuters

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