9 de junio 2010 - 00:24

El PJ disidente alumbró su primer acuerdo anti-K

El lanzamiento del bono Chubut, que encabezó Mario Das Neves, reunió a buena parte de los dirigentes del PJ anti-K: Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez, Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá y Graciela Camaño. Además de dos técnicos con pretensiones políticas: Martín Lousteau, asesor del chubutense, y Santiago Montoya, que pivotea entre Scioli y Alberto Fernández.
El lanzamiento del bono Chubut, que encabezó Mario Das Neves, reunió a buena parte de los dirigentes del PJ anti-K: Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez, Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá y Graciela Camaño. Además de dos técnicos con pretensiones políticas: Martín Lousteau, asesor del chubutense, y Santiago Montoya, que pivotea entre Scioli y Alberto Fernández.
Lo que por celos no logran los caciques del PJ disidente lo sellaron, ayer, sus coroneles. Emisarios de Felipe Solá, Eduardo Duhalde, Carlos Reutemann, Mario Das Neves y Francisco de Narváez hicieron la primera costura sólida para unir al peronismo anti-K.

Ocurrió ayer, temprano, en el Hotel Emperador. Más de cien dirigentes de todo el país pusieron la firma en un documento que, además de fulminar a los Kirchner, expresa una «clara voluntad de unidad, diálogo y consenso» entre las tribus del PJ opositor.

Como categoría ordenadora, marco dialéctico y político, gestaron el título de «Primer Encuentro Frente Peronismo Federal» -que incluyó a partidos provinciales- y reunió a delegados de todos los candidatos -o hipotéticos candidatos- del PJ anti-K.

El detalle anexo lo aportó la presencia del peronismo porteño que sostiene a Mauricio Macri. A pesar de los rodeos del jefe de Gobierno para arrimarse al PJ disidente, su pata peronista pobló ayer el encuentro en el Emperador.

«Lo que nuestros jefes todavía no hacen lo hacemos nosotros», ilustró uno de los promotores del encuentro de ayer. Fue más lejos: «Tenemos que terminar todos juntos y hasta que ellos se pongan de acuerdo, nosotros ya nos ponemos a trabajar».

La juntada del Emperador -por lo cual el documento rubricado como expresión del Pacto del Emperador- fue, en rigor, una escala -quizá la más explícita- de un fenómeno que toma fuerza entre los peronistas anti-K: la urgencia de unirse para combatir a Kirchner.

Es el rebote del ensamble Solá-Das Neves del viernes pasado que se reforzó, ayer, con la presencia de Duhalde, De Narváez, Jorge Busti, Adolfo Rodríguez Saá y Ramón Puerta en el acto de lanzamiento del bono chubutense en la Bolsa de Comercio porteña.

Faltó Solá, que tenía otra actividad, pero mandó una nota de acompañamiento al fideicomiso presentado por Das Neves (ver Ámbito Nacional).

Entre algodones se redacta, además, un documento de los federales que bosquejó Juan Carlos Romero y circuló de mail a mail en los últimos días antes de su difusión. Ese texto expresa, como el acta del Pacto del Emperador, la voluntad de unidad.

La cumbre de ayer, sin embargo, tiene una amplitud mayor que la nota que agita el salteño Romero porque incorpora a De Narváez -que no fue invitado a participar del texto federal- y ensaya un frentismo al ampliar la trinchera «ideológica» al sumar partidos provinciales.

Hay un motor inocultable: el presunto repunte de Kirchner, que reinstaló la idea de un posible triunfo del patagónico el año próximo, apareció como fundamento para evitar la atomización. De la teoría de pulsear para quedar segundos

-como pasaje a un triunfo en el balotaje- ahora asumen que la dispersión puede ser el mejor negocio para el Gobierno.

Paraguas

De arranque, en el Emperador se tendió un «paraguas diplomático» sobre dos asuntos urticantes: las candidaturas de 2011 y la táctica de competir por adentro o por afuera de la interna peronista. «Después se discutirán esos temas», justificó un asistente.

Este diario ya contó que la decisión de competir en la primaria contra Néstor Kirchner

-o el candidato K que sea- divide a los peronistas disidentes tanto, o más, que el futuro reparto de los casilleros en una potencial boleta conjunta para 2011.

De la sentada de tres horas participaron Gustavo Ferrari y José «Pepe» Scioli por De Narváez; Roberto Mourllerón y Raúl Rivara por Solá; Jerónimo García por Das Neves; Ricardo Spinozzi y Celia Arena por Reutemann; Claudia Rucci y Gastón Guarracino por el duhaldismo; la riojana Alejandra Oviedo y el salteño Marcelo López Arias, del bloque que encabeza Graciela Camaño, que se excusó.

El libro de asistencia registró, además, al senador sanjuanino Roberto Basualdo, y también, como indicio potente, al peronismo porteño anti-K: por un lado, Daniel Amoroso, ahora con acceso vip al búnker de Las Cañitas; por el otro, el PJ macrista representado por Cristina Ritondo y Álvaro González.

El imán alcanzó, también, a José Avelín -hijo del ex gobernador que llegó tras un pacto con la UCR-, referentes de Santiago del Estero, de Corrientes, bustistas de Entre Ríos, puntanos, romeristas y hasta varias bandas catamarqueñas: unos ligados a Luis Barrionuevo y otros ex saadistas.

Todos, sin objeciones, acordaron una nueva cumbre para el 1 de julio, conformar una mesa de coordinación nacional y filiales en cada provincia, salir de gira por el interior del país y hasta la conformación de «equipos técnicos conjuntos».

El documento que se selló en el Pacto del Emperador traza, en paralelo, un diagnóstico feroz sobre la etapa K que juzga de un sesgo «autoritario, unitario y fragmentado», que incentiva un «crecimiento desigual» en términos sociales y recurre al «clientelismo» además de derivar en un «aislacionismo internacional».

En el capítulo de las propuestas, promete una «clara voluntad de unidad», respecto del «federalismo sin arbitrariedades» y consolidar el «espíritu frentista» pero con base en el Peronismo Federal. También consensuar «diez puntos de políticas públicas» y, como receta contra los celos de sus jefes, «generar una estrategia de continuidad que supere la instancia electoral».

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