La hoja de ruta planteada por el presidente de la república, con dos comisiones de sabios que busquen las reformas deseadas por todos los partidos, parecía suponer, a priori, una especie de acuerdo de mínimos, con los puntos en común de las propuestas planteadas por todas las formaciones durante las dos rondas de consulta. Pero a medida que pasan las horas esos aplausos casi unánimes fueron convirtiéndose, sobre todo ayer, en expresión de recelos y sospechas de que con este plan Napolitano sólo ha tratado de ganar algo de tiempo y ha satisfecho las propuestas de una única formación.
Su plan coincide con la línea seguida por Elección Cívica, la formación del primer ministro en funciones Mario Monti (el resultado de las elecciones de febrero en la Cámara de Diputados fue: Pier Luigi Bersani, 29,5%; Silvio Berlusconi, 29%; Beppe Grillo, 25,5%; y Monti, 10,5%). Los llamados "montianos" reprocharon al líder del centroizquierda, Bersani, a quien Napolitano encargó formar gobierno, que mostró "poco de las propuestas" concretas.
El modelo propuesto por Napolitano, que invierte el habitual proceso de formación de gobierno al empezar primero por el programa, antes de lograr un acuerdo de partidos, encaja así de un modo perfecto con la idea de Monti, cuyo criterio tecnócrata parece haberse vuelto a imponer sobre la política.
Con este plan, Napolitano "ha protegido una experiencia y un modelo, un Gobierno que hasta hoy ha preservado a Italia frente al cuadro político que tenemos ante nosotros", afirmó en una entrevista que publicó ayer el diario Il Corriere della Sera el coordinador de Elección Cívica, Andrea Olivero.
Y es que a nadie se le escapa que, tras la noche de silencio e incertidumbre en la que se llegó a hablar de su dimisión, la comparecencia del sábado de Napolitano no sólo estaba centrada en esa sorprendente propuesta, sino que también parece que pretendía reforzar la figura de Monti.
La reacción al discurso de Napolitano del primer ministro en funciones, quien sigue en el poder pese a haber renunciado hace meses, fue la de confirmar su intención de seguir gobernando, haciendo uso "plenamente de las posibilidades" que tiene, en colaboración con el nuevo Parlamento.
Monti, el candidato preferido por los defensores del rigor europeo, pero que logró un más que discreto resultado en las elecciones, conseguía así sobreponerse al escándalo en el que se vio envuelto esta semana, la dimisión de su ministro de Relaciones Exteriores por el conflicto diplomático con la India, tras la que algunos medios situaron al ex primer ministro Silvio Berlusconi.
La propuesta de que Monti siguiera al frente del Gobierno y el Parlamento tomara las riendas del país fue la que planteó el movimiento del cómico Beppe Grillo en las últimas consultas y quizá por ello el sábado sentían que se había impuesto su criterio. Pero esta formación comprobó después cómo quedaba fuera del grupo de trabajo "político-institucional" que abordará la cuestión de la reforma de la ley electoral, donde sí entra un representante del partido de Berlusconi, otro del de Bersani y uno más del de Monti.
La formación de Bersani mantiene su apoyo por responsabilidad al plan de Napolitano, aunque insiste en que debe formarse un nuevo Gobierno, y lo mismo, pero uno de coalición, quiere el partido de Berlusconi, que propone en alternativa elecciones anticipadas.
Además, se considera que el plan de Napolitano tiene otra falla de importancia: entre los diez miembros de los dos grupos de sabios que deberán buscar el consenso de los partidos no hay ninguna mujer.
| Agencia EFE |


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