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El pop, un arte que marchó a la par en Brasil y la Argentina
A la izquierda el Che Guevara del brasileño Claudio Tozzi, y al lado, la visión del argentino Roberto Jacoby, un ejemplo de los paralelismos de «Arte de contradicciones. Pop, realismos y política, Brasil-Argentina 1960».
«El Pop no es nada trivial. Le hallan trivialidad los observadores triviales», asegura Noé en un texto del catálogo. «Se trata de una sociedad cifrada en las cosas. A través de los objetos habla la sociedad. Es una sociedad que se va objetivando; es una sociedad cifrada en los símbolos gregarios o nacionales (la bandera, por ejemplo)», destaca. La exposición fuerza los rasgos formales del Pop hacia los del expresionismo y descubre la otra cara de la moneda: el drama de «Juanito pescando entre latas» de Antonio Berni, el de las pinturas de la Nueva Figuración de Rómulo Macció y Luis Felipe Noé o, el de las obras sobre el asesinato de Kennedy de Alberto Greco.
Como una concesión, acaso en aras de mostrar el trágico devenir de la historia que se cuela en el relato, la muestra incluye obras ajenas a las características del Pop.
Parentesco
Aquí y allá las dictaduras impondrían su disciplina. Las multitudes de Evandro Teixeira y las de Noé, como las obras de Ana María Maiolino y Delia Cancela, entre muchas otras, exhiben un aire de familia que las emparenta. Por su parte, el Pop de Jorge de la Vega o el de Antonio Dias, marcan, frente a la necesidad de los artistas de pronunciar su discurso, no sólo la crisis de la abstracción sino, además, el desgarramiento moral provocado por una sociedad mentirosa. El afán de expresividad sin límites que inspira el Pop surgido en el Sur, es el de los happenings y acciones de Minujín, o el de Oiticica y su Parangolé «Estoy poseído». Allí están los ropajes que usaba para bailar: una de las señales de un arte que se expande hacia otras disciplinas, en este caso, la danza y la música.
Años más tarde, en unas imágenes en blanco y negro, Meireles sentaría una clara evidencia de la exaltación enardecida que puede alcanzar el arte de Brasil cuando de comunicar se trata, cualidad que hasta hoy lo diferencia del argentino. La obra se llama «Tótem. Monumento al Preso Político», y documenta una acción donde el artista prende fuego a unas gallinas vivas. El universo luminoso del Pop se apagaría, con los tiempos violentos que sobrevendrían después.
Tan importantes como las obras, teniendo en cuenta las derivaciones actuales del Pop, al menos en la Argentina, son los textos recopilados en el catálogo.
A los ensayos curatoriales de Herkenhoff y Alonso se suman los históricos de Pierre Restany, Lawrence Alloway, Waldemar Cordeiro, Hélio Oiticica, Cildo Meireles, un manifiesto de Antonio Dias y, los de Oscar Masotta, Jorge Romero Brest, León Ferrari, Noé y Roberto Jacoby.
La Fundación Proa, que desde hace dos años produce exposiciones y catálogos dedicados a investigar la década del 60, abre ahora hacia Brasil su programa de exhibiciones.
Su presidenta, Adriana Rosenberg, anunció la itinerancia de la muestra hacia el Museo Oscar Niemeyer de Curitiba, la GAMEC (Galeria de Arte Moderno y Contemporáneo) de Bergamo, Italia, y el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro.

