9 de junio 2014 - 00:00

El rally ataca de nuevo a Wall St.

¿Vuelven las acciones a calentar motores? Así, a media máquina, la verdad es que a Wall Street no le ha ido mal, pero se advierte una actitud más decidida. El S&P 500 acumula ocho subas en las diez últimas ruedas, dejó atrás los límites del mercado lateral, y en lo que va de 2014, acusa un avance del 5,5%. Saltó con fuerza el jueves cuando Mario Draghi le propinó la sorpresa de un paquete de estímulo de magnitud inédita para los anales del BCE. Y también le vino bien, al día siguiente, conocer un informe de empleo manso en los EE.UU. y -por una vez- enteramente acorde con lo previsto.

Los astros están alineados a favor de la Bolsa desde abril cuando Janet Yellen aplacó todo signo de una Fed hostil. Pero las oportunidades para apurar la marcha fueron puntualmente declinadas. Ver guillotinar los sectores más agresivos - como tecnología o pequeñas compañías - provocó desconfianza. La maldición de mayo -el sell in May- no era, por cierto, una invitación a redoblar la apuesta. El descenso abrupto de las tasas largas sin motivo aparente se sumó a la lista de señales de peligro inminente. No obstante, las objeciones fueron atendidas una a una. La más trascendente -¿qué escondía el declive de las tasas largas?- mudó de obstáculo a rampa de lanzamiento. La mano de la Fed -en realidad, la verba- estaba detrás bajo la forma de una promesa oficiosa de suba de tasas cortas (lenta, y recién a mediados del año próximo) de magnitud acotada. Entiéndase bien: todo el bull market cabalgó sobre el lomo de las tasas cero. Y el S&P 500 recorrió ya un avance del 188% desde el lejano marzo de 2009. Si la temible suba de tasas deja de asustar, Wall Street no es capaz de imaginar otro infierno. Una economía paralizada por el frío polar no la perturbó. No verá razones para el insomnio ahora que recuperó por fin los empleos que se perdieron con la crisis y se desplaza, a velocidad de crucero, en busca de cerrar la otra brecha, la que existe con los empleos que en estos siete años deberían haberse sumado.

El S&P 500 escaló el 1,3% en la semana; el Russell 2000 -que se electrizó con el paquete europeo de Draghi- trepó el 2,7% en su mejor semana del año. Es aquí donde deben calentar bien los motores. Los sectores vapuleados en marzo y abril son los de mayor beta, los que cabe esperar que lideren los avances. Un rally impulsado por papeles defensivos es difícil de sostener (y de preservarse creíble). El Dow de Transportes, un renglón notablemente cíclico, fue el primero en enfilar la proa. Pero recién ahora le llega compañía: el NASDAQ, las pequeñas empresas del Rusell 2000, los bancos (después de purgar un alud de juicios y malas noticias). La recomposición es visible. Falta el paso lógico: que el desempeño de estos sectores exceda el ritmo del S&P 500 y el Dow Industrial y pasen con firmeza al frente.

¿Qué sucedió con el fantasma de una corrección? La Bolsa no corrigió por precios, pero sí con el paso del tiempo bajo el paraguas del mercado lateral. La rotación sectorial fue útil para depurar excesos. La valuación de los papeles -una obsesión de los inversores a lo largo de 2014, a veces en un primer plano, otras como trasfondo- se ajustó. Las acciones con múltiplos precio/ganancias esperadas más elevados cayeron en desgracia y el favor lo recogieron los papeles apáticos, aburridos, de ratios bajos. Cuando se observa el S&P 600 Small Caps (una canasta de pequeñas compañías) se advierte una reducción de los múltiplos, entre mediados de marzo a mediados de mayo, de 19,3 a 17,6. En el caso del S&P 500 la merma fue tenue, pero el ratio de precio a ganancias esperadas es más moderado: 15,3 veces. El tiempo puso sobre la mesa otra contribución: los analistas engrosaron sus estimaciones de rentabilidad empresaria llevándolas a nuevos récords para 2014 y 2015. Tocará dentro de un mes -Alcoa abre el fuego con su balance el 8 de julio- pasar revista a los números concretos y corroborar el realismo de las nuevas previsiones.

Europa sopla como renovado viento de cola. Fabricó dos crisis este año -Ucrania y el zafarrancho electoral- que no fueron dañinas. Podría disparar una tercera si conduce mal los exámenes de su banca. No importa. Que el BCE se haya decidido a jugar fuerte añade una estrella impensada a la constelación de los astros alineados que encabeza la Fed. Es una fuente de impulso con muchísimo potencial. Y una confirmación de la racha de buena suerte. La baja de las tasas largas en EE.UU. ya era un premio generoso, pero, se ve, no se había cantado aún el cartón lleno.