10 de diciembre 2008 - 00:00

El reciclado de los ‘‘pánico-dólares’’

La actual crisis del mercado de capitales puso fin a uno de los ciclos de crecimiento global más extraordinario y vigoroso de los tiempos modernos. Detrás de ese ciclo se han desarrollado fuerzas estructurales que seguirán presentes, en alguna medida, durante los próximos años. Dichas fuerzas estructurales pueden estilizarse en tres grandes rasgos. El primero tiene que ver con la demografía y la medicina.

En efecto, en los países industriales la gente vive más tiempo y vive más tiempo retirada, y las tasas de natalidad están cayendo. Esto obliga a los ciudadanos de esos países a incrementar su tasa de ahorro o, alternativamente, con bajas tasas de ahorro, a demandar altos rendimientos para sus inversiones y suba de precios para sus activos, de manera de sacrificar poco consumo presente a cambio de buen nivel de vida futuro. Los tradicionales sistemas de «reparto» no pueden asegurarles una calidad de vida en retiro parecida a la que tienen en actividad. Sólo para dar unos números, según estimaciones de Naciones Unidas, para el año 2030, en Estados Unidos la relación entre población trabajadora y población por encima de los 65 años será de 3 a 1. En Japón de 1,8 a 1. Y en la eurozona será de 2,2 a 1. En otras palabras, para que el sistema de reparto le pudiera pagar a un jubilado el 80% de lo que gana un trabajador en actividad, el impuesto a los ingresos de los asalariados sería del 26% en Estados Unidos, del 44% en Japón y del 36% en Europa. (¿Por qué no se habrán preguntado los legisladores argentinos cuál es la relación en el país, antes de votar lo que votaron?)

La segunda cuestión estructural se vincula a la crisis de la deuda de finales de siglo pasado. Es decir, los fondos que antes fluían de los países industrializados a los países emergentes, después, debido a los defaults sucesivos y a la explicitación de débiles derechos de propiedad empezaron a fluir en sentido inverso, huyendo de los emergentes, principalmente hacia los Estados Unidos.

«Popular»

Finalmente, el tercer cambio estructural es mucho más «popular». La irrupción de China y la India, la incorporación de vastas clases medias a los nuevos consumos y la tremenda demanda de commodities de todo tipo, con la consecuencia sobre sus precios. Y todos los países emergentes beneficiados del boom del comercio internacional y la suba de los precios de sus exportaciones, acumulando sus reservas en activos de alta seguridad, dólares.

En síntesis, lo que Ben Shalom Bernanke llamó «la abundancia del ahorro global» fluyendo hacia el mercado de capitales más preparado para absorberlo, Wall Street. Y entonces, el consumidor americano vio, simultáneamente, crecer el valor de sus activos y la oferta de crédito. No necesitaba ahorrar para el futuro, le bastaba con ver crecer el precio de sus ahorros, endeudarse y gastar y gastar.

Cuando empezó a desinflarse la burbuja inmobiliaria, a principios de 2007, una porción de ese ahorro global volvió a mirar al mundo emergente. El premio era mayúsculo. Vender dólares, comprar activos en moneda local y aprovechar el aumento de los precios de los activos, sumados a la ganancia en dólares, por la suba de las monedas locales. Y miró también el mercado de commodities y petróleo, y trasladó las burbujas a las Bolsas emergentes y a los precios de los commodities en general y del petróleo en particular. Hasta que estalló la crisis en el segmento del sistema financiero norteamericano más apalancado y se propagó al resto del mundo desarrollado por los canales e instrumentos de la globalización financiera.

Y allí todos los inversores «volaron a la calidad». Salieron de cuanto activo poseían y corrieron a comprar bonos del Tesoro y dólares. Los bancos se paralizaron. Los consumidores norteamericanos, altamente endeudados, vieron caer el valor de sus activos y peligrar sus trabajos. Las empresas se quedaron sin crédito. Los emergentes sufrieron la fu-ga de capitales y el desplome de la burbuja de los commodities.

Y en este punto estamos. Con los bancos centrales tratando de reemplazar esa abundancia de ahorro privado, hoy refugiado en instrumentos de deuda pública. Por eso están reciclando los «pánico-dólares» privados en un programa generalizado y global de «inyectemos fondos» de todas las formas posibles para evitar que la recesión se convierta en depresión y que se produzca una deflación.

Por ahora, y transitoriamente, los bancos centrales reemplazan a los fondos privados «refugiados» en instrumentos de deuda pública. Paradójicamente, quieren crear su propia «burbujita» para generar expectativas inflacionarias y convencer a los inversores de que vuelvan al mercado de capitales privado.

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