Un microbiólogo lleva una muestra de posible gripe porcina en un laboratorio de Houston. Texas, fronterizo con México, es un estado muy afectado por la epidemia.
Los cementerios españoles y de toda Europa reservan todavía una buena parte de su espacio a las tumbas y nichos de los fallecidos a causa de la que ha sido la mayor pandemia de la historia contemporánea: el brote de gripe aviar, rebautizada «gripe española», que en 1918 afectó a un tercio de la población mundial y mató a más de 50 millones de personas.
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La memoria colectiva en ese país se encuentra todavía impregnada por el recuerdo de la terrible virulencia de aquel virus. La psicosis que ha desatado el brote de gripe porcina quizá pueda explicarse por la relativa cercanía en el tiempo de aquella epidemia, de la que aún quedan algunos supervivientes.
Como ha ocurrido ahora, el agente infeccioso llegó a Europa desde Norteamérica: en aquel caso, lo trajeron las tropas estadounidenses que desembarcaron en Francia para combatir en la Gran Guerra. A España se extendió a través del País Vasco, afectó a casi la mitad de la población y provocó unas 300.000 víctimas mortales. El virus alcanzó los lugares más recónditos de la Tierra con insólita rapidez y un porcentaje importante de fallecidos se produjeron en las zonas más pobres de Asia.
Contra la creencia popular, por lo tanto, la epidemia no empezó en España. El equívoco se debe a que todos los periódicos del mundo civilizado se negaron a informar sobre el brote para no desalentar a la población en plena guerra mundial. Las únicas referencias podían encontrarse en la prensa española, ya que el país no participaba en la contienda.
La revista Science publicó en 2004 dos estudios que detallan las características de aquella «gripe española», reconstruida a partir de restos de virus rescatados del cadáver de una mujer de Alaska. Se trataba de un H1N1 proveniente de las aves -como el que causa ahora la gripe porcina- que había mutado varias decenas de veces para adaptarse al ser humano. Su capacidad para multiplicarse era 50 veces superior a la de la gripe común.
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