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El régimen chino desató la represión más feroz desde Tiananmen: 156 muertos
La TV estatal demoró 12 horas en difundir crudas imágenes de personas ensangrentadas. La represión se desató luego de que supuestamente un grupo de uigures atacara a otros de la etnia han.
Las protestas comenzaron el domingo por la tarde en Urumqi, cuando unas 300 personas empezaron a protestar por el linchamiento de un grupo de uigures que trabajaban en una fábrica de juguetes en Cantón (Sur), a raíz de un falso rumor de que habían violado a dos jóvenes locales. En el linchamiento murieron dos uigures y resultaron heridos otros 118, pero sólo el instigador, un desempleado de la fábrica, fue detenido.
Los manifestantes del domingo, estudiantes uigures, según los grupos en el exilio, expresaron su descontento con una sentada en la céntrica Plaza del Pueblo, y otros ciudadanos y curiosos se acercaron a la zona hasta congregar a entre mil y tres mil personas.
Cuatro cuerpos de las fuerzas armadas aparecieron «de pronto y sin saber el motivo» para dispersar la manifestación, según informó en su blog un residente llamado Wenni. La manifestación quedó rápidamente controlada, pero entonces empezaron a oírse una serie de disparos y explosiones en otra concurrida zona de la ciudad, la del mercado de Döng Körük.
Según la Policía de Xinjiang, «bandidos» violentos empezaron a atacar a personas con bastones y cuchillos, y quemaron 261 vehículos, incluidos 190 colectivos, 10 taxis y dos vehículos policiales.
Por su parte, el Congreso Mundial Uigur, con oficinas en EE.UU. y Alemania, y acusado por Pekín de ser un grupo separatista, condenó ayer de forma rotunda la violencia militar contra una «manifestación pacífica», mientras que su líder, Rebiya Kadeer, aseguró que la protesta podría haberse evitado si Pekín hubiera solucionado con justicia el linchamiento de la fábrica de Cantón.
Junto a Tíbet, Xinjiang es una de las regiones más sensibles políticamente en China, y en ambos lugares el Gobierno ha buscado mantener su estricto control sobre la religión y la vida cultural.
El derramamiento de sangre provocó la reacción inmediata de Estados Unidos. «Estamos profundamente preocupados por las informaciones sobre numerosos muertos y heridos en Urumqi en el oeste de China», afirmó el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, en Moscú, donde el presidente estadounidense, Barack Obama, efectúa una visita oficial (ver pág. 17).
«Por ahora, las informaciones no son claras sobre las circunstancias que rodearon los muertos y los heridos. Por tanto, resulta prematuro hacer comentarios o especular sobre lo ocurrido», añadió el vocero, quien pidió asimismo «moderación» a toda la población de Xinjiang. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, hizo un llamamiento a la contención, coreado por Gran Bretaña y Estados Unidos.
Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA


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