24 de julio 2017 - 23:51

El restaurante de la Villa 31 que la política puso de moda

ES UN LOCAL DE COMIDA PERUANA; SUS ESPECIALIDADES Y PRECIOS - Durante una recorrida de campaña, Larreta y Carrió almorzaron en ese bodegón, que también recibió a reconocidos chefs y turistas. “La única diferencia con Puerto Madero es el precio”, dijo su dueño.

El restaurante. José Zapata (izquierda) inauguró su local de comida peruana hace más de un año y medio.
El restaurante. José Zapata (izquierda) inauguró su local de comida peruana hace más de un año y medio.
Cuando se les pregunta a los vecinos por la ubicación del restaurante Las Palmeras, la mayoría pone cara de desconcierto. En cambio, si se les aclara que es allí donde fueron a comer Horacio Rodríguez Larreta y Elisa Carrió durante la última recorrida que hicieron por la Villa 31, casi ninguno duda: "Queda acá a la vuelta, cerca del Playón". Nadie, claro está, sabe la dirección exacta: en la Manzana 2, Casa 62 funciona la cevichería más famosa del barrio de Retiro. Es el lugar que el jefe de Gobierno porteño elige para comer cuando hace campaña en la zona y que en los últimos meses recibió a chefs famosos y turistas.

A principios de julio, la candidata a diputada de Vamos Juntos realizó la primera aparición de campaña junto a Rodríguez Larreta. El lugar elegido fue la Villa 31 y el almuerzo de la comitiva tuvo lugar en Las Palmeras. "Lo que se está haciendo en la Villa 31 es increíble; la comida peruana también", aseguró Carrió hace unos días, al responder preguntas por Facebook. "Larreta y Carrió se fueron encantados. Les hice un taypa al plato y un taypa a la plancha (platos que, según la carta, cuestan $180), un tallarín salteado ($180) y lomo salteado ($100). Y lo que siempre piden es un ceviche ($150). Siempre vienen por eso. Más allá de todo, regresan por la comida. Les gusta el ambiente y les gusta el local", contó a este diario José Luis Zapata, el dueño del restaurante, quien aclara: "Larreta viene siempre con distintos funcionarios. Antes, llaman para reservar las mesas".

Pero no sólo los políticos pasan por el restaurante de comida peruana. En mayo, los cocineros Donato De Santis y Christophe Krywonis degustaron los platos de Zapata. "A ellos les preparé lomo salteado, ceviche y taypa a la plancha, que les gustó mucho, y un seco de cordero ($180). Estuvimos charlando un rato, se fueron contentos", agregó el propietario de Las Palmeras, quien reconoció que debido a distintas notas periodísticas su restaurante ganó en popularidad: "También vienen turistas. El otro día vinieron unos brasileños. Siempre se acerca gente de afuera del barrio directamente a comer acá".

Por el televisor del local suena Marc Anthony. La esposa de Zapata y dos jóvenes trabajan a destajo para atender a los clientes. Hay ocho mesas (la mitad para cuatro personas y la otra mitad para dos) y algunas permanecen ocupadas en las primeras horas de la tarde. Es que, más allá de tener a sus visitantes ilustres, Las Palmeras cuenta con un menú económico que atrae a los vecinos de barrio. "El menú del mediodía cuesta $70. Es una sopa, un segundo plato y un refresco. Hago unos 50 platos todos los días y generalmente los vendo todos", cuenta el cocinero, quien aclara que en los últimos días cayeron las ventas: "Bajó un poco por las obras (la calle por la que se accede está cortada y hay que dar una vuelta para poder llegar) y el frío. Pero por suerte siempre hay ventas".

Hace poco más de un año y medio, un amigo le habló a Zapata del lugar. Él lo visitó, le gustó y cerró su comercio en el centro para trasladarse a la Villa 31. Meses más tarde, se fue a vivir arriba del negocio. Algunas noches, deja trabajando a su esposa porque se va a dar clases a un instituto de cocina en Congreso. "Voy a comprar la verdura y el pescado fresco al Mercado Central. Para la carne voy a Mataderos. Muchas cosas también las compro en el barrio. Busco elegir buena materia prima para que la comida sea mejor. La diferencia con un restaurante en otro lado de la Ciudad es el precio. Después, la calidad de la comida es la misma. Siempre tengo los platos bien decorados, no hay diferencia con lo que se puede encontrar en Puerto Madero", concluye el propietario del restaurante de comida peruana que se convirtió en un imán para políticos y turistas.

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