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El retorno de un peronista incómodo para el esquema K
• Equidistancias y pertenencias.
• El tironeo por la lista PJ
Los afiches que aparecieron ayer en Córdoba hicieron alusión al papel del kirchnerismo, que no presentó ningún candidato propio.
Electo con, al cierre de esta edición, más de 45 puntos, ayer se resguardó en un relato ecuménico: una atmósfera mágica donde no hay perdedores. «No perdió nadie; ganó Córdoba», es la síntesis, marketinera, de esa postura que lo libera de comprar riesgos o derrotas ajenas.
¿Por qué declararse K o anti-K, cuando todavía celebra su retorno a la cima del poder cordobés? ¿Por qué apostar esa victoria, cuya propiedad es absoluta, a un tercero? Por eso, De la Sota empezó a transitar ayer el camino de la equidistancia.
Ese equilibrio, un recurso para surfear la batalla presidencial, supone una incomodidad para el Gobierno nacional: un gobernador, encima peronista, sin alineación automática con la Casa Rosada es, en la Biblia K, un potencial traidor.
Las palabras, anoche, del electo magnificaron esa sospecha: en particular cuando, recostado en el neologismo «cordobesismo», avisó que tendrá una postura propia y autónoma.
Antes de las 23, Cristina de Kirchner llamó al ganador. Lo tenía decidido desde el mediodía, apenas los primeros informes de boca de urna que llegaron a Olivos confirmaban el triunfo holgado de «el Gallego». «Lo llamó a Macri, con más razón, va a hacerlo con De la Sota», explicó un operador K al atardecer.
-¿Por qué todavía no salís a hablar? -lo tuteó Cristina.
-Estamos bien, pero queremos esperar que haya más datos -dijo el electo tras agradecer el llamado de la Presidente.
Un rato después, cuando Oscar Aguad siguió los pasos de Luis Juez y admitió, públicamente, la derrota, el peronista decidió dar un discurso medido que leyó con cautela sin salirse del libreto.
Notificados desde Capital de que la Presidente hablaría con De la Sota, un puñado de militantes K, encabezados por Ricardo Moreno, vice de la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC), intentó irrumpir en el búnker de De la Sota para «festejar». El desembarco no fue pacífico y tuvieron que volver por donde llegaron.
El ganador recibió, también, el saludo de Daniel Scioli. «Vamos a hacer grandes cosas juntos», le dijo el bonaerense que en los días previos lo respaldó en público.
Otro bonaerense, Eduardo Duhalde, irá a Córdoba de campaña para la primaria del 14-A: gestiona una cita con el ganador. Anoche, en el búnker vencedor, dudaban de que el encuentro pueda producirse.
Hasta el macrismo, vía sus dirigentes de origen PJ, festejó el triunfo. La cuestión es más simple: De la Sota es peronista.
Trepado al encanto que le obsequia el triunfo, «el Gallego» no cederá pertenencias ni expresará preferencias. En Casa Rosada se espera un gesto suyo: que dé de baja, en horas, la lista de diputados nacionales del PJ que Cristina ordenó no se adhiera a su tramo presidencial.
No ocurrirá en lo inmediato. Esa negociación, según interpreta el delasotismo, debe esperar hasta octubre. Es más: De la Sota podría sugerir a la Casa Rosada que, en vez de bajar su lista, le permitan colgarla de la postulación de Cristina. El viejo truco de la colectora.
De todos modos, para diagramar una administración sin sobresaltos, el peronista necesita resolver un flanco hipersensible: el monumental déficit de la caja de jubilaciones cordobesa, asunto que Schiaretti llevó hasta la Corte en medio de un entrevero con la Casa Rosada.
Los operadores K confían, quizá en exceso, que ese capítulo limitará los movimientos del cordobés. El modo y los plazos de esa negociación, que en algún momento deberá producirse, perfilarán cómo será la convivencia entre el ganador y Cristina si, en octubre, resulta reelecta.
Pero en el horizonte del mediano plazo, cuando amanezca 2013, un único destino parece posible: no sólo por una histórica disidencia, sino por marcadas diferencias ideológicas, De la Sota alumbrará como un opositor del kirchnerismo. Esa foto se presume, en ambos cuarteles, inevitable.
La solidez de la tregua que el gobernador y la Presidente construyan en las próximas semanas estará siempre amenazada por esa sospecha mutua. Los K no contemplan a De la Sota como un eventual continuador de su modelo.
Y De la Sota no contempla serlo.


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