25 de noviembre 2016 - 21:34

El secreto de la nutrición está en los pastos de la Cuenca

La falta de planificación al momento de ingresar la tropa a un lote puede terminar con el recurso. Recomendaciones técnicas para ahorrarse dolores de cabeza y producir más y mejor.

Monitoreo. Es fundamental determinar a ciencia cierta el ambiente y la calidad de las pasturas.
Monitoreo. Es fundamental determinar a ciencia cierta el ambiente y la calidad de las pasturas.
Cuando el verano se acerca, uno de los grandes temas que preocupa al productor es cómo pasar la estación más cálida del año con recursos nutricionales suficientes para alimentar al rodeo bovino, porque muchas veces el pasto implantado no está, pero los pastizales naturales podrían ser la alternativa, mientras se aplique un criterio racional para su manejo.

Los pastizales naturales ocupan más de la mitad de la superficie de la Cuenca del Salado, con lo cual se convierte en el principal recurso forrajero de la zona de cría más importante de la Argentina, por su accesibilidad y la resistencia al rigor climático del verano, que además posee ciertas ventajas.

El relevamiento efectuado por los técnicos del INTA Cuenca, permitió determinar que el principal componente de la cobertura y aporte de forraje en estos pastizales son las gramíneas y graminoides, que cubren entre el 60 y el 80% del suelo durante todo el año".

La falta de planificación en el manejo de los potreros "impide que las especies deseables presentes en el pastizal se expresen o lo hagan de forma muy disminuida respecto de su potencial". En este sentido el porcentaje de suelo cubierto por leguminosas representa alrededor de un 5 %, con una considerable variabilidad que indicaría que es posible aumentar su participación.

"Una de las principales ventajas que este recurso tiene es que no se siembra, resiste eventos de sequías y anegamientos, y produce todo el año" y, si bien los máximos de producción se producen en la primavera, principalmente, y en el otoño, la coexistencia de distintos grupos forrajeros, de ciclo estival como invernal, permiten su uso todo el año", recordaron los técnicos del INTA Cuenca del Salado.

"Durante el año y entre años la vegetación presenta distintos estados más o menos estables que pueden intercambiarse por acción de diversos factores", aseguraron al suplemento Agronegocios, los técnicos del INTA.

Para determinar la calidad de esas pasturas se realizaron monitoreos para lograr la identificación del ambiente porque en cada uno de ellos la comunidad predominante es diferente, y también su funcionamiento, indicaron los técnicos que impulsan desde hace tres años este trabajo.

Atentos al sobrepastoreo

Las fluctuaciones ambientales y los disturbios climáticos como las sequías, las inundaciones o el sobrepastoreo, generan un constante desequilibrio en los lotes. En algunos veranos, por ejemplo, "la sequía potencia el efecto del sobrepastoreo llevando el pastizal hacia situaciones de deterioro".

En cuanto al manejo indicaron que "el sobrepastoreo sería, precisamente, uno de los factores que lleva al pastizal de un estado determinado a otro más deteriorado, disturbio que es capaz de modificar la estructura del pastizal y así aparecen espacios de suelo desnudo, que alterarían las relaciones de competencia entre las especies vegetales promoviendo aquellas que son más rastreras, poco atractivas para el ganado y de menor valor forrajero", agregaron.

En esos casos, para lograr una recuperación del pastizal se deben provocar disturbios favorables que permitan manejar esas inestabilidades. Al respecto los profesionales hablaron de manejo cuando se refirieron, por ejemplo, "a la toma de decisiones sobre los animales: el momento de entrar al lote, la duración y la intensidad del pastoreo".

En ese punto habrá que determinar, en función de la observación de la fenología del pastizal, si se entra o no con los lotes de hacienda, durante cuánto tiempo, remanente que pueda dejar y establecer cuándo se vuelve a entrar a cada potrero.

Los sectores más elevados en el paisaje, lomas y medias lomas, presentan los suelos con menores limitaciones para el desarrollo de las plantas. Estos ambientes, señalaron los técnicos, "son capaces de producir abundante forraje todo el año, y son los sectores más seguros en caso de inundación".

Estas características lo convierten en potreros óptimos para su uso durante el invierno, pero se deberá realizar un pastoreo estratégico a fines de verano, que elimine el forraje estival remanente, para favorecer la emergencia y rebrote de las especies invernales, que iniciarán su nuevo ciclo de crecimiento y aporte de forraje.

Este manejo de recambio debería hacerse a la inversa en los potreros conocidos como bajos dulces, que son los que pueden permanecer encharcados durante el invierno, y están dominados por especies de verano de muy buena calidad nutricional, son excelentes productores de forraje a la salida de la primavera y durante el verano, siempre que se garantice la persistencia de las especies forrajeras.

Por lo general se aprecia una mayor disponibilidad de forraje durante la primavera-verano, como también y una mayor cantidad de material muerto luego de ese período. Muchas veces, esto responde a una decisión de conservar recursos para cubrir las demandas en el invierno, pero esta práctica impide la correcta llegada de luz a los estratos inferiores del pastizal y entonces debilita el establecimiento de las especies que rebroten o germinen en otoño, ofreciendo pasto de mejor calidad que aquel diferido.

Según comentaron los profesionales "se encuentran en el pastizal especies invernales nativas de buena calidad como las flechillas, cebadillas, poas, gaudinias, y naturalizadas como el raigrás", algo que es posible promover si se hace un pastoreo intensivo con el rodeo de cría entre los meses de marzo y abril, y luego se hace "descansar" el potrero hasta que se haya acumulado suficiente forraje de calidad y muy útil para la parición e inicio de lactancia.