16 de febrero 2011 - 00:00

El seven desde adentro

Entonces, viajar por el mundo jugando al rugby no puede ser tan duro, supondría quien no está al tanto de lo que se ha convertido este grand prix de rugby. La información que llega a la Argentina sobre el IRB Sevens es mínima. Lo publicado por los diarios no sirve para entender su magnitud ni las dificultades que trae. Las imágenes no llegan. Sólo queda que se le ganó o se perdió con tal o cual equipo.

El circuito es mucho más que turismo y rugby. De hecho, como explica el entrenador argentino Nicolás Fernández Lobbe, por lo general en las giras que son de dos semanas sólo tenemos un día libre. En este viaje por ejemplo cenamos en un restaurante argentino el miércoles y el jueves fue libre para los jugadores.

Libre es una forma de verlo. Hubo una reunión técnica por la mañana y el evento de lanzamiento por la noche: en el medio paseo por el Strip y shopping. El resto del viaje fue entrenar, descansar, prepararse y jugar.

Si bien en Las Vegas, la ciudad que no duerme, se quedaron en el Hard Rock Hotel, con toda su parafernalia musical y su ruidoso casino, restaurantes que después de medianoche ofrecen hamburguesas mas baratas que en McDonald's, casi no se veía a jugadores de los dieciséis equipos deambulando mas allá del lobby de entrada a su torre.

Es así; los jugadores saben que el descanso es clave y que no se puede regalar nada, agrega Andrés Romagnoli, asistente de Fernández Lobbe. Los entrenadores comparten habitación y hay tres computadoras, una que se usa exclusivamente para estudiar lo hecho por propios y ajenos.

La preparación de nuestros jugadores es igual a la de los Pladares, salvo que antes de los torneos reforzamos en las necesidades específicas del seven, cuenta Romagnoli, PF de profesión.

El seleccionado argentino tiene en su plantel 18 jugadores con acceso a los Centros de Alto Rendimiento de los cuales cinco están becados por la UAR (el capitán Santiago Bottini, Martín Núñez Lasalle, Hernán Olivari, Diego Palma y Joaquín Todeschini). La diferencia con los mejores equipos del circuito es que ellos tienen planteles profesionales estables. No obstante, el seven tiene su lugar en el Pladar, dicen los dos entrenadores al unísono, casi en agradecimiento a la gestión de la UAR.

Contaba Gordon Tietjens, el famoso entrenador neocelandés, que mi plantel evoluciona todo el tiempo y los buenos jugadores me los sacan para el rugby de quince; los que forman el núcleo tienen sueldos que se equiparan con los de los All Blacks más novatos.

En Argentina el seven viene detrás de Los Pampas-Jaguares en la elección de jugadores.

Al ser aceptado como deporte olímpico, el rugby seven contará con ayuda en Argentina. Algo como lo que tienen Las Leonas: becas directas con los jugadores, fondos para viajes, acceso al Cenard. El dine-ro irá directo al rugby de seven. Así es como Chile, como ejemplo, estaba en Las Vegas jugando un torneo en los campos auxiliares al Sam Boyd Stadium. El rugby olímpico ha logrado un enorme cambio en la ayuda que recibimos, explicaba el cordobés Daniel Graco, a cargo del rugby en Chile.

Esa ayuda permitirá aceptar invitaciones a torneos a lo largo del año. Recibimos muchas, pero no todas se aceptan porque no cubren todos nuestros costos. Ahora podremos analizar mejor las invitaciones, sueña Fernández Lobbe, ex compañero de Romagnoli en Los Pumas 7.

Los jugadores de hoy son distintos; se juega más fuerte, más rápido. Nuestros rivales cuentan con especialistas. Hay equipos que no son potencia en 15 y acá se destacan. Y la falta de conocimiento que hay del seven internacional hace que no se ponga en contexto lo que es jugar, por ejemplo, con un Zimbabwe. Argentina perdió contra los africanos en Dubai. Si hasta mis amigos a veces me preguntan si salgo de vacaciones de nuevo. Nada más lejos de la realidad. Es así. Nada más lejos de la realidad.

El público argentino no tiene el circuito en casa desde Mar del Plata en 2002. Cambió mucho. Muchísimo. Tanto dentro como fuera del campo. Todo indica que volvería, aunque recién en octubre de 2012. La gerente de Sevens del IRB, Beth Coalter, visitará Argentina en breve para ver qué posibilidades hay de que haya una parada acá.

Eso sería bueno por muchísimas razones. Es una gran fiesta de rugby, pero pondría en contexto lo difícil que es el rugby a este nivel. La difusión permitirá que se entienda de qué se trata este altísimo nivel de rugby, finalizó Nicolás Lobbe.

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