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“El teatro permite a un actor más exploración”
Marcelo Mazzarello dice que busca “desacralizar” la profesión de actor en su espectáculo “Mazzarello no chilla”.
Periodista: ¿Qué lo decidió a estrenar un unipersonal en medio del trajín televisivo?
Marcelo Mazzarello: Como todo actor yo tengo una determinada gama de colores para trabajar. Y no siempre los productores ven eso o me dan la oportunidad de explorarla. Este espectáculo me permite abarcar las dos caras del teatro: el drama y la comedia. Yo tengo varias vidas paralelas además del teatro y la televisión. Soy fanático del surf y del tango, pero mi trabajo es la actuación. Entonces, trato de coordinar todas estas actividades. Las grabaciones de "Viudas..." terminan en diciembre, lo que me permite pasar el verano en Mar del Plata y llevar este unipersonal allá. Y después la temporada lo vuelvo a traer al Picadero.
P.: ¿Qué personajes interpreta en esta obra?
M.M.: El principal es un hombre que espera ser llamado a escena. Y, mientras está esperando, se pelea con el televisor porque los noticieros lo llenan de miedo e inseguridad. Pero si lo apaga ¿qué hace? La cuestión es prender o no prender. Y prender es perder el ser. Es ahí cuando él logra invertir esa polaridad y pasa de receptor a emisor. Ahí su imaginación se desata dando entrada a otros personajes: un psicoanalista, un prócer, un rey Inca, un economista... Y también hablo de los actores en general.
P.: ¿Los critica?
M.M.: Me rio de su egocentrismo y de sus pretensiones. Incluyéndome a mí, por supuesto. Tomé varias cosas del ambiente televisivo y las exageré un poco hacia el humor.
P.: ¿También hace un "Hamlet" en guaraní?
M.M.: Tiene que ver con un planteo sobre esa obsesión de los actores argentinos por hacer Shakespeare.
P.: Es la aspiración de todo actor "serio".
M.M.: Yo planteo eso mismo desde la comicidad: "Si vos sos un muchacho de Flores o de algún barrio porteño, de donde somos la mayoría de los actores, ¿vas a andar diciendo "milord" o "su alteza"? Si el único rey que conocés es el rey del panqueque o el de la milanesa. Esos son nuestros reyes y nuestro palacio es el de la papa frita. Con eso intento desacralizar esta profesión.
P.: ¿Vuelve a interpretar a Discepolín?
M.M.: Siempre me identifiqué con Enrique Santos Discépolo y ya tuve ocasión de interpretarlo en "Historias clínicas", un documental ficcionalizado que se emitió por Telefé y luego por la TV Pública. Para mí, es una figura emblemática que sufrió en carne propia esa polaridad constante que tenemos los argentinos por nuestras diferencias políticas e ideológicas. No es algo de este momento, es algo que viene con nosotros. Discepolín fue un genio y un gran ídolo popular, pero su abierto apoyo a Perón y a Evita le costó la vida. A los 50 años tuvo un paro cardíaco, pero en realidad murió de tristeza. Muchos de sus amigos y demás integrantes de la elite intelectual le dieron vuelta la cara por su personaje radial "Mordisquito", donde parodiaba al opositor. Y él respondía con mucha dureza. Por ejemplo: "Antes no había nada, ni dinero, ni indemnización, ni amparo a la vejez, y vos no decías ni medio, vos no protestabas nunca. Pero, claro, ahora estás preocupado porque no hay té de Ceilán".
P.: ¿Tan grande fue el repudio que recibió?
M.M.: Fue tremendo. Cuando Discepolín estrenó "Blum", compraron todas las entradas para llenar el teatro con gente que lo abucheó. Iba a los restaurantes y lo silbaban, rompían sus discos y se los enviaban a la casa, y además recibió muchas amenazas. Fue un boicot dolorosísimo y al año se murió. Y uno piensa ¡qué importa si fue peronista! No sacó partido de eso y dejó una obra extraordinaria, y canciones que nos siguen representando en el mundo entero.
Entrevista de Patricia Espinosa


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