15 de marzo 2010 - 00:00

El tiro del final

Todos abrazan a Milton Caraglio, quien terminó muy emocionado con su gol, que le dio el triunfo a Central. Al ser reemplazado, al delantero se le cayeron unas lágrimas.
Todos abrazan a Milton Caraglio, quien terminó muy emocionado con su gol, que le dio el triunfo a Central. Al ser reemplazado, al delantero se le cayeron unas lágrimas.
San Lorenzo luchó con dos hombres menos durante casi todo el segundo tiempo y, cuando parecía que se llevaba un empate de Rosario, en la última pelota Milton Caraglio de cabeza marcó y lo dejó con las manos vacías.

Rosario Central volvió a mostrar sus dificultades para definir, que con la ausencia por lesión de Luciano Figueroa se agravaron y aunque, impulsado por su público, buscó atacar desde el primer minuto, siempre le faltó la última puntada o chocó contra un Pablo Migliore que tuvo una gran actuación.

Central jugó mejor 11 contra 11 que cuando San Lorenzo se quedó con 9. Un gran trabajo de Jonathan Gómez y con el apuntalamiento de Mario Paglialunga, se hizo dueño de la mitad de la cancha y atacó permanentemente a un San Lorenzo, que intentó jugar de contraataque con la velocidad de Sebastián González y Bordagaray y con Bernardo Romeo como única referencia ofensiva, pero en el primer tiempo muy pocas veces lo logró.

Al comenzar el segundo, Pablo Pintos agarró de la camiseta a Santiago García y, como estaba amonestado, se fue expulsado. Simeone sacó a Romeo y puso al «Papu» Gómez para tener más control del balón y el cambio le surtió efecto, porque con 10 jugadores jugó mejor que con 11 y hasta emparejó el partido, pero a los 21 minutos, otra vez Jonathan Bottinelli cometió una imprudencia (se sacó de encima con sus manos a Ballini y el árbitro entendió que hubo agresión) y dejó a su equipo con 9.

Allí Simeone optó por defenderse poniendo al zaguero debutante Nahuel Iribarren y a Axel Juárez por Sebastián González y Bordagaray. Central volvió a encerrar a su rival en el área y lo llenó de centros; en el último, se llevó un triunfo que fue justo, pero parecía que no llegaría.

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