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El tsunami judicial llena a Brasil de incertidumbre política y económica
¿LAS ELECCIONES PONDRÁN FIN A LA CRISIS O SOLO LA PROFUNDIZARÁN? - El mercado saludó la ratificación de la condena por corrupción contra Lula da Silva y la ampliación de la pena de cárcel. Sin embargo, eso puede ser un problema de largo plazo para las reformas laboral y del techo del gasto. Una jurisprudencia “creativa” ahonda el conflicto entre poderes.
CAMPAÑA. Tras el duro revés judicial que sufrió en Porto Alegre, Luiz Inácio Lula da Silva trató ayer de equiparar la proclama de su inocencia con la lucha por los valores democráticos.
Trasfondo
Es que todo está revuelto en la casa del vecino. Detrás de lo electoral y de una recuperación de la economía que, más allá del crecimiento del 3% proyectado para este año, dependerá de que la crisis institucional no vuelva a meter la cola, asoma un debate sordo pero incómodo sobre el modo en que un sector del poder judicial se ha entregado a la tarea de sanear moralmente la clase política. Tarea que, probablemente, no termine pronto y que redefina de un modo estructural y conflictivo la relación entre judicatura y clase política.
El fallo del juez emblema de la operación "Lava Jato", Sérgio Moro, fue plenamente reivindicado el miércoles por el Tribunal Regional Federal 4 de Porto Alegre. Sin embargo, de su lectura surge una abundancia de indicios indirectos sobre la supuesta entrega de una coima de la constructora OAS a Lula en forma de un tríplex de lujo en Guarujá. Mensajes internos de la empresa, alusiones en clave a la familia del exmandatario, dichos de dos arrepentidos y frases como "Lula no podía ser ajeno..." o "no podía ignorar..." llaman la atención por su abundancia. El expresidente, pícaro, sigue reclamando que le exhiban "un solo un documento" que lo incrimine, pero se sabe que las coimas, si existen, no conllevan recibos ni escrituras.
"Lo central en la acción de la 'Lava Jato' es que los nuevos jueces brasileños están transformando la lógica de las investigaciones sobre delitos cometidos por políticos. Hasta hace diez años, los jueces se preocupaban mucho por construir pruebas, pero es prácticamente imposible encontrar recibos o pruebas físicas en este tipo de procesos, que es lo que ocurre en este caso específico de Lula y en los de otros condenados. Entonces, esos jueces jóvenes comenzaron a guiarse por indicios como el enriquecimiento inexplicable de los acusados y a imponer la idea de que, si son suficientemente fuertes, esos indicios bastan para una condena", explicó De Souza. "El PT, claro, adopta una perspectiva más garantista y denuncia que si no hay pruebas concretas para condenar a Lula. Pero ese tipo de narrativa política ya no encuentra respaldo ni en una buena parte de la sociedad brasileña ni en buena parte de los jueces", siguió.
Ahora bien, ¿no hay contraindicaciones ni efectos secundarios en esa dosis de remedio judicial? Según el analista, "los jueces aquí desempeñan un rol cada vez más importante en lo político, y todas las decisiones políticas terminan dependiendo de procesos judiciales, lo que es terrible para nuestra democracia".
Por otro lado, "los tribunales superiores, incluido el Supremo Tribunal Federal, han tomado medidas que no tienen amparo en la Constitución y apelaron a una especie de creatividad jurídica que también es muy mala para el proceso institucional".
Es interesante recordar que dos de los tres jueces que el miércoles pueden haber enterrado políticamente a Lula fueron nombrados durante gobiernos del PT. También que la ley de "ficha limpia", que con dudoso sentido constitucional permite privar a un dirigente de sus derechos electorales con una condena en segunda instancia (antes de que haya cosa juzgada) fue promulgada por el propio expresidente en 2010. Lo mismo cabe decir de la amplia autonomía que Lula primero y Dilma Rousseff después dieron a la Policía Federal y a la Procuración General. Los de la izquierda brasileña tal vez fueron, desde ese punto de vista, los Gobiernos más republicanos de la historia de Brasil. Lo que no previeron es que el republicanismo a medias, coexistente con niveles de corrupción altísimos que, tríplex aparte, resultan evidentes en la trama del "petrolão", tendría un resultado tan devastador.


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