25 de junio 2014 - 00:00

Elena Bashkirova, un toque de distinción

Elena Bashkirova, en piano y dirección, actuó para el Mozarteum en magnífico concierto.
Elena Bashkirova, en piano y dirección, actuó para el Mozarteum en magnífico concierto.
Jerusalem Chamber Music Festival. Elena Bashkirova (piano y dirección). Michael Barenboim y Axel Wilczok (violines), Madeleine Carruzzo (viola) y Timothy Park (cello). Obras de W. A. Mozart, A. Schnittke, A. Webern y R. Schumann (Mozarteum Argentino, 23 de junio).

Todo programa de concierto, desde su misma enunciación, habla claramente acerca de quienes lo idearon y tienen la responsabilidad de llevarlo adelante. Desde el momento en que se conoció el menú de obras que habría de interpretar en el Colón el ensamble del Jerusalem Chamber Music Festival liderado por Elena Bashkirova para el Mozarteum Argentino fue posible confirmar la estatura artística de esta increíble pianista y entrever la calidad del resultado.

Cuarteto número 1 (KV 478) de Mozart y quinteto de Schnittke en la primera mitad, cuarteto de cuerdas opus 28 de Webern y quinteto de Schumann en la segunda. Es decir, en cada mitad del programa un par de obras contrastantes que se resignifican mutuamente al ser escuchadas sin solución de continuidad, o bien un núcleo conformado por dos partituras arduas enmarcadas por otras dos de complejidades y desafíos distintos.

La travesía comenzó luminosamente con un Mozart riquísimo en claridad de fraseo, balance y matices, pese a cierta imprecisión en la afinación de las cuerdas que no volvió a advertirse en el resto del concierto. Bashkirova, Michael Barenboim, la violista Madeleine Carruzzo y el cellista Timothy Park, todos músicos de indudable calidad, conocen a la perfección los desafíos de la música de cámara y exhiben a cada instante la destreza necesaria para lograr esa comunión intelectual y musical que le es imprescindible a este género.

La obra de Schnittke (para la que se sumó el violinista Axel Wilczok) tuvo un plus de profundidad y concentración y podría decirse que constituyó el punto más alto del concierto. Todos los colores fantasmagóricos, ríspidos, sombríos e infinitamente bellos de este quinteto de tan difícil ejecución fueron transmitidos con estricta veracidad, culminando en ese estremecedor "Moderato pastorale" en que la música se diluye en un diminuendo escalofriante, aquí en las manos sutilísimas de Bashkirova.

Las cuerdas acometieron luego del intervalo el cuarteto de Webern, otra demostración de compromiso por parte de los integrantes de este ensamble. De la gravedad del movimiento inicial a la gracia irónica del "GemTMchlich" central y la fluidez del final, todo sonó en esta instancia con plenitud de cohesión estructural y dinámica.

Después de una versión plena de intensidad y refinamiento de Schumann era lógico que no hubiera bises, no sólo por lo extenuante del programa y la entrega con la que los intérpretes lo llevaron adelante, sino fundamentalmente porque cualquier pieza extraña a esta arquitectura monumental que acababa de sonar hubiera quebrado su cuidada simetría.

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