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ELLA POR DEMOLICIÓN; AHORA CONTRA SÍ MISMA
Queda, técnicamente, un trecho para coronar la aventura reeleccionista. Pero las incógnitas sobre ese resultado habitan sólo el terreno del azar, el imprevisto o la tragedia. El triunfo, por demolición, sugiere que el trayecto a octubre será un viaje sin sorpresa.
Al límite de los 50 puntos, con la oposición desperdigada en tribus que no superan el 13%, la foto de la primaria proyecta su sombra sobre la elección general y autoriza la presunción de que Cristina arrancará, en diciembre, el tercer mandato del clan K.
Ese proceso -sometido, como todo futuro, a imponderables- invita a un cálculo: en diciembre, Cristina iniciaría un conteo para desplazar a los Perón de la cima estadística que, con cuatro gobiernos, una muerte y dos golpes, suman 11 años y 9 meses en el poder.
La estadística excluye a Juan Manuel de Rosas, que reinó con una impasse dos décadas. La historiografía clásica anota al Restaurador, usualmente reducido a la mazorca y a la traición, como gobernador, no como presidente.
Cristina cinceló, anoche, tres cuartos del sueño de los 16 años K que, sin Néstor, ahora suenan imposibles. No faltará, en estas horas o en el futuro mediato, la especulación sobre una reforma constitucional para barrer el impedimiento de la segunda relección. Por ahora, sólo desvelos.
Por lo pronto, ayer dio el primer paso para extender a 12 años y medio la estadía de los Kirchner en Olivos.
Su domingo no pudo ser mejor. La presidente superó su propio score de 2007 y coronó una victoria en todas las provincias, con la excepción de la San Luis de los Rodríguez Saá. Duplicó a la fórmula Duhalde-Das Neves en Chubut y vencía esta madrugada a Hermes Binner en Santa Fe.
Objeción
Con esos datos, Cristina objeta la mitología sobre la debacle K. Ganó Capital y Córdoba, arrasó en las provincias chicas y consolidó la victoria en la monumental provincia de Buenos Aires donde cosechó, en desmedro de los caciques territoriales, más del 53%.
Esa contundencia, sólida per se, se magnificó con la atomización de la oposición. Fracasó la hipótesis, patrocinada por Eduardo Duhalde, según la cual ampliar la oferta anti K le producía un daño al oficialismo. Resultado: el segundo quedó a 37 puntos.
El puzzle opositor es más cruel: Francisco De Narváez capturó un 6% más que Alfonsín. Duhalde despegó 5 puntos de su postulante bonaerense, Eduardo Amadeo. Lo más estable fue el Frente Progresista: Binner y Margarita Stolbizer terminaron casi empardados.
Frente a eso, Cristina porta otra medalla. La primaria, aunque huela superficial, la tuvo como candidata única en gran parte del país. Con ese argumento, en el búnker K anoche deslizaban que ese 50% se compone de votos propios.
Hay una verdad parcial. El dispositivo montado en la provincia, con 400 candidatos municipales y tres postulantes a gobernador -Daniel Scioli, Mario Ishii y Martín Sabbatella- enriqueció la cosecha de Cristina. De todos modos, hubo corte de boletas: sacó el 3% menos que la sumatoria de sus afluentes, aunque terminó algunos puntos arriba de Scioli.
El voto K fue, en ese aspecto, más estable que el voto anti K. Vertical, el kirchnerismo consiguió unificar los distintos tramos y niveles de candidatos. Scioli tuvo su propia celebración: liquidó por 30 puntos de diferencia a De Narváez.
El kirchnerismo, y Cristina como exégeta mayor, superó sin estridencias la primaria, despejó las dudas sobre octubre y pareció sepultar, en un solo movimiento, el balotaje. Ahora deberá convivir con su triunfalismo. Sin enemigos delante, ella es desde anoche su propio rival.


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