15 de agosto 2012 - 00:00

Elusiones y torneo de miradas en el primer día de juicio por soborno

Eludiendo mirarse, los imputados en la causa de los presuntos sobornos en el Senado convivieron ayer, en la primera jornada del juicio, en una pequeña sala: Mario Pontaquarto, Alberto Flamarique -con nuevo retoque capilar-, Augusto Alasino, Remo Costanzo y Fernando de Santibañes (tapado por Fernando de la Rúa).
Eludiendo mirarse, los imputados en la causa de los presuntos sobornos en el Senado convivieron ayer, en la primera jornada del juicio, en una pequeña sala: Mario Pontaquarto, Alberto Flamarique -con nuevo retoque capilar-, Augusto Alasino, Remo Costanzo y Fernando de Santibañes (tapado por Fernando de la Rúa).
Fernando de la Rúa ingresó ayer a las 10.15 a los tribunales federales de Retiro para comenzar a ser juzgado por los presuntos sobornos ocurridos en el Senado durante su Gobierno. Lo acompañaron en las siete filas de acusados exfuncionarios y exlegisladores. La primera audiencia conducida por el Tribunal Oral Federal número 3 fue consumida por la lectura del requerimiento de elevación a juicio. Miradas irónicas, expresiones de aburrimiento y comentarios en voz baja dominaron la sesión en el Salón de Usos Múltiples (SUM) de Comodoro Py.

El juicio oral que busca determinar si se pagaron coimas para la aprobación de la Reforma Laboral durante la última administración radical comenzó 12 años más tarde del hecho, ayer a las 10.38. De la Rúa se ubicó en la primera fila de acusados flanqueado por su principal estratega judicial, Jorge Kirzsenbaum y por la letrada Valeria Corbacho. En la segunda fila se ubicó el exjefe de la SIDE, Fernando de Santibañes y más atrás los exsenadores Ricardo Branda, Remo Costanzo, Alberto Tell y Augusto Alasino junto con el exministro de Trabajo Alberto Flamarique. Al final de la Sala estaba el «arrepentido» Mario Pontaquarto, quien fue de los primeros en llegar. En ningún momento llegó a cruzar miradas con el exmandatario.

La lectura del requerimiento de elevación a juicio del fiscal Federico Delgado se extendió durante horas. De la Rúa se mantuvo en silencio, observando en forma alternativa a los jueces y al funcionario judicial encargado de la lectura. Tomó notas en una libreta mínima y mostró interés ante las sucesivas citas que aparecían en la lectura, desde Fedor Dostoievsky hasta Nicolás Maquiavelo pasando por Max Weber.

Sonrisas

Pontaquarto se mostró más activo. Frunció el ceño en distintas ocasiones e intercambió comentarios con su abogado Hugo Worthman Jofre. Fue uno de los pocos en vestir traje claro y dejó traslucir que hace tiempo que no se viste formalmente a diario, como cuando ocupaba un cargo clave en el Congreso y animaba largos conciliábulos con radicales y peronistas. Sonrió cuando se leyó una declaración al chofer que supuestamente habría trasladado el dinero para los sobornos. En la instrucción este último dijo no reconocer al exsecretario de Relaciones Parlamentarias y se explicó: «Ese no era momento de andar mirando a la gente a la cara».

Por su parte De Santibañes mostró especial interés a las menciones que se hicieron durante la acusación sobre su paso por la SIDE y su supuesto rol en la trama de los sobornos (según el requerimiento se habrían retirado 6 millones de dólares del organismo). En otros momentos apoyó con cansancio su cabeza sobre la pared, justo en diagonal al expresidente.

Con el paso de las horas comenzaron a prevalecer las caras de hastío y se dieron distintos comentarios entre los imputados y sus abogados. Hasta anoche todavía no existía una postura sobre quiénes declararán a partir de los próximos días y quiénes lo harán en unos meses. Lo único seguro es que la semana que viene los jueces Guillermo Gordo, Gerardo Larrambebere y Miguel Pons podrán escuchar al «arrepentido».

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