A María Victoria Saoji, de 61 años, se le escapaban las lágrimas al recordar que desde los 13 años, cuando salió de Cuba, no había regresado a la isla. Expresó que lo primero que haría al tocar suelo cubano era ver los paisajes que extraña desde hace 49 años y conocer a las nuevas generaciones de su familia.
La aerolínea estadounidense JetBlue fue la anfitriona de una fiesta que celebró por las nubes el despegue de uno de sus aviones Airbus A320 del Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale, al norte de Miami, al Abel Santamaría de Santa Clara, el primero en conectar a ambas naciones desde su reconciliación diplomática en julio de 2015.
"Tengo la ilusión de que éste sea el primer paso de una apertura económica entre ambos países, y también humanitaria y familiar", dijo Aleisys Barreda, una de las pasajeras cubanas.
El corto vuelo, en el que también viajó el secretario de Transporte de EE.UU., Anthony Foxx, estuvo interrumpido a ratos por los periodistas que se paraban con sus cámaras a entrevistar a los pasajeros, y por la tripulación que sorteó pasajes.
"¡Ay, qué locura, me imaginé que iba a ser la locura, pero no tanto!", exclamaba Barreda, quien disfrutó la fiesta de principio a fin.
Robin Hayes, presidente de JetBlue y asimismo a bordo del vuelo, mostró su entusiasmo por protagonizar el primero de por lo menos 110 vuelos que el Departamento de Transporte estadounidense aprobó este año entre ambos países, 20 de ellos a La Habana.
Alzando pequeñas banderas de Cuba, los viajeros llegaron a Santa Clara entusiasmados. "Éste es un ejemplo tangible de los acercamientos diplomáticos entre ambas naciones emprendidos por el presidente de EE.UU., Barack Obama", expresó el secretario Foxx por el altavoz al final del vuelo.
Desde las siete de la mañana, cuando arribaron al aeropuerto en Fort Lauderdale los primeros pasajeros del vuelo 387, los viajeros supieron que iba a ser una jornada atípica.
Ya durante el abordaje hubo comida y música cubana, rueda de prensa con ejecutivos de la aerolínea y funcionarios de gobiernos locales y una pasarela de pasajeros que entraban al avión en medio de decenas de fotógrafos.
La celebración prosiguió sobre el Atlántico durante apenas 52 minutos de vuelo en los que los cubanos, ansiosos y felices por ver a sus familiares, mostraron su alegría por la importante reducción del costo de los pasajes. "De 489 dólares que pagaba en vuelos chárter, pagué para este vuelo 219 dólares", manifestó Barreda, feliz de poder pagar con tarjeta de crédito y por internet.
Una decena de estadounidenses voló también en esta histórica jornada, pero no como turistas, sino ajustándose a alguna de las doce categorías permitidas por el Gobierno de EE.UU. a sus nacionales como parte del embargo económico que aún pesa sobre la isla, y que veta los viajes turísticos.
Mohan Sauji, uno de ellos, relató que quería "ver la belleza de Cuba".
"A los cubanos les gusta estar en familia", apostilló Mirta Rodríguez, esperanzada en que desde ayer sus compatriotas de ambos lados del Atlántico puedan estar más unidos.
| Agencia EFE |


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