28 de julio 2011 - 00:00

Emociona documental sobre músico ciego

«El último hombre» se centra en Basilio Gibavicius, quien en 1939 integró el grupo fundador de la Sinfónica de Ciegos, y hoy todavía sigue en su puesto.
«El último hombre» se centra en Basilio Gibavicius, quien en 1939 integró el grupo fundador de la Sinfónica de Ciegos, y hoy todavía sigue en su puesto.
«El último hombre» (Argentina, 2011, habl. en español). Guión y dir.: M. Rest. Documental. 

El último hombre fue, en 1939, uno de los primeros chicos que empezaron a aprender música con el objeto de formar una banda sinfónica compuesta exclusivamente de no videntes. En 1947 participó del primer concierto público de esa agrupación, que fue además la primera de esas características en todo el mundo. Y hoy, 72 años más tarde, sigue allí con su clarinete. Él es el único que sigue firme desde la primera hora, el último que abandonará su puesto en la fila.

Con sonrisa entusiasta, Basilio Gibavicius, que así se llama, recuerda el día en que visitó el Patronato de Ciegos y decidió quedarse como interno. Y aquel diálogo con otro chico: «¿A vos te gusta la música clásica?», «¿Cuál? ¿Esa rara que pasan por Radio Nacional?». Hoy conduce su propio programa, que ya lleva 14 años dedicado a la difusión de los grandes maestros («Clásicos en el espacio», FM 89.7). Antes también fue afinador de pianos y presidió la Biblioteca Argentina para Ciegos.

Ante nosotros hace incluso de guía turístico, llevándonos con paso firme escaleras arriba por el edificio donde pasó sus años de formación, mostrando dónde estaban los dormitorios y la sala de ensayos. Ese edificio es el de Lafinur 2988, donde después funcionó un hogar de niñas ciegas, y hoy es el Museo Evita. Y entre otras cosas nos cuenta del Presidente que había en su infancia, el doctor Roberto M. Ortiz. Progresivamente ciego por la diabetes, enfermedad que lo obligaría a renunciar, Ortiz se interesó especialmente en los demás ciegos del país. Y, entre otras ideas, impulsó la de esa Sinfónica. La concretó y condujo el maestro Pascual Grisolía, cuyo nombre lleva hoy la banda, y a quien Gibavicius recuerda con especial devoción. La misma que tiene por Louis Braille, cuyo alfabeto nos explica. Ambos le permitieron ser lo que es, un hombre completo, un ejemplo.

Hablan asimismo otros miembros actuales de la banda: el más joven, uno que también ama la música, uno que está allí sólo como recurso laboral, varios que explican los problemas de incomunicación que les causan los nuevos celulares. Nadie pensó en ellos a la hora de promover el simple toque de pantalla. La música, en cambio, los sigue comunicando con los demás, y con las ganas de vivir.

Nuestro cine dedicó a los ciegos un buen drama, «En la ardiente oscuridad», de Daniel Tinayre, con Mirtha Legrand, Lautaro Murúa, Duilio Marzio, sobre pieza teatral de Buero Vallejo. Pero allí todos los intérpretes hacían de ciegos. Los que acá vemos son ciegos de veras, y su vida cotidiana nos causa admiración. Esto último, claro, es mérito del documental, que ha sabido mostrarnos cómo alguna gente puede sobreponerse a una de las peores desgracias. Marcelo Rest se llama el autor, un muchacho de anteojos que ha puesto el alma en esta película, y llega a emocionarnos con esos ejemplos de vida.

Datos al margen, hoy la Sinfónica sigue dando conciertos, depende de Cultura de la Nación y acepta miembros con ceguera parcial. Y, es cierto, el doctor Ortiz era primo de Mecha Ortiz, quien nunca aprovechó su parentesco para hacer carrera.

P.S.

Dejá tu comentario