29 de marzo 2017 - 00:00

Emprendedurismo femenino: el desafío

En la actualidad, las mujeres son dueñas y administradoras de más del 30% de todas las empresas, desde las independientes (trabajadoras por cuenta propia), las microempresas y pequeñas empresas hasta las medianas y grandes. Sin embargo, las disparidades según las distintas regiones siguen siendo evidentes.

Emprendedurismo femenino: el desafío
Un trabajo de la especialista en liderazgo y diversidad, Lidia Heller, publicado por RedEtis - IIEP UNESCO analiza las continuidades y transformaciones en las actividades productivas en la región, en un sentido amplio y abarcativo del emprendedurismo: se incluyen pequeñas y medianas empresas (pymes) y microemprendimientos. El análisis se propone, por una parte, caracterizar las particularidades de la actividad emprendedora en América Latina y el Caribe, identificando los factores que han impulsado u obstaculizado esta actividad en la región. Y además introduce la perspectiva de género y se analizan las estrategias que tienden a fortalecer la capacidad emprendedora de las mujeres, tales como el aporte del trabajo en redes, la incorporación de nuevas tecnologías de la información y los mecanismos de acceso al crédito y financiamiento.

Si bien la creciente participación de la mujer en el mercado de trabajo ha sido un importante motor del crecimiento mundial, existen todavía obstáculos que impiden un avance efectivo y sostenido en el universo emprendedor, asegura el estudio.

En la mayoría de los países de la región las mujeres constituyen una porción importante del grupo con menores ingresos. Una de cada tres latinoamericanas aún no tiene ingresos propios y su presencia en el ámbito de los emprendimientos presenta sesgos discriminatorios similares a los que enfrenta en otros ámbitos de la vida privada.

Si bien la participación económica de las mujeres en el empleo ha aumentado en las últimas décadas, se ha estancado a partir de los primeros años de la década de 2000 y aún hoy la mitad de las mujeres latinoamericanas y caribeñas no tiene vínculo alguno con el mercado laboral. En promedio, la tasa de actividad económica femenina en América Latina asciende al 49,8%, lo que quiere decir que una de cada dos mujeres en edad de trabajar trabaja o busca un trabajo remunerado de manera activa. El promedio de actividad de los hombres es del 78,7% (30 puntos porcentuales superior al de las mujeres).

Por otra parte, en la estructura laboral latinoamericana, las mujeres se encuentran en lugares más precarios y con menores retribuciones. Al analizar las distintas categorías ocupacionales, se observa que los hombres son principalmente asalariados y tienen una presencia mucho mayor que las mujeres entre la categoría de empleadores. Las mujeres, en cambio, constituyen una menor proporción en el trabajo asalariado y una de cada diez (10,7%) está empleada en el servicio doméstico, mientras que para los hombres este porcentaje es mínimo (0,5%).

Por otra parte, el crecimiento de las microfinanzas en América Latina durante las tres últimas décadas ha permitido que el acceso al financiamiento para las micro emprendedoras sea más equitativo que en el pasado. Las mujeres han demostrado ser deudoras confiables, con tasas de cancelación de créditos mayores que las de los hombres, lo cual ha robustecido su perfil ante las instituciones de microfinanzas (IMF) y otras entidades de crédito.

Sin embargo, los estudios de casos revelan que el capital sigue siendo una importante limitación al crecimiento para muchas emprendedoras en diferentes países. Las mujeres emprendedoras siguen mostrando una menor propensión que los hombres a recurrir a los bancos tradicionales (que ofrecen créditos a plazos más largos y por volúmenes mayores), producto de estereotipos y prejuicios vigentes, lo cual las afecta aún más.

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