Ese rol lo ocuparon sucesivamente el campo y los medios no adeptos a las políticas oficiales; pero dado que la alta inflación parece que será un fenómeno casi inevitable en la campaña para las elecciones presidenciales de octubre, hay una sensación entre los empresarios de que el Gobierno intentará culparlos por las subas de precios.
La sensación surgió de algunas declaraciones de altos funcionarios del Gobierno en ese sentido, y también de los dichos (públicos pero, sobre todo, privados) del secretario general de la CGT, el camionero Hugo Moyano. El líder sindical -lo mismo que algunos de sus laderos más fieles, como el taxista Omar Viviani- vienen acusando a los industriales y comerciantes de ser los «formadores de precios» y por lo tanto, responsables casi únicos de las subas.
Hasta hace algún tiempo estas declaraciones públicas fueron tomadas por los dirigentes empresariales como una táctica de Moyano apuntando a dos propósitos:
Sin embargo, esta interpretación de los pasos de «El Negro» que hacían los empresarios comenzó a naufragar cuando las repitió en la intimidad de la negociación (infructuosa hasta el momento) con la que intentó poner en marcha el fallido «Pacto Económico para el Desarrollo Social» lanzado por la presidente Cristina de Kirchner en noviembre.
En las tres reuniones que mantuvo Moyano con la cúpula de la UIA, o sea con su presidente Héctor Méndez, su vicepresidente Miguel Acevedo y su secretario general José Ignacio de Mendiguren, el «jefe» de la CGT les dijo que no les creía cuando le decían que las empresas no podían bajar los precios. «Ustedes son los que forman los precios; pueden bajarlos» fue, palabras más o menos, el mensaje que le transmitió Moyano a la gente de la Unión Industrial.
Respuesta
Lo que atinaron a responderle sus sorprendidos interlocutores es algo que después tanto Méndez como De Mendiguren repitieron en público: «Somos los mismos de hace cuatro años, cuando la inflación era de menos del 10% anual. Lo que cambiaron son las condiciones: el tipo de cambio ya no es competitivo, ustedes desde el sindicalismo aprietan con pedidos de más del 30% de aumento y el Gobierno se los convalida, la energía y en general todos los insumos nos aumentaron... Todo influye».
Lo cierto es que, tal como adelantó este diario hace casi un mes, el pacto social parece haber pasado a mejor vida, pese a que el propio Moyano «anunció» en un programa de TV que «esta semana» iba a reunirse con la cúpula de la UIA para continuar avanzando en ese acuerdo.
A menos que se tome un avión a Punta del Este o a Villa La Angostura, o que consiga nafta como para llegar a Córdoba, Mar del Plata o Cariló, será difícil que esa declaración de intenciones se lleve a la práctica: los dirigentes con los que debería encontrarse ya están de vacaciones, y ninguno regresará a Buenos Aires para regalarle la foto al camionero que -como ya es público- no atraviesa su mejor momento en su vínculo con el kirchnerismo gobernante.
«A menos que nos llame Julio (De Vido, ministro de Planificación y el hombre en el que todavía confían los empresarios) y nos diga que volvamos, nadie se mueve de donde está para encontrarse con Moyano», le dijo a este diario una alta fuente de la UIA desde su lugar de descanso en la costa atlántica argentina.
Así las cosas, todo parece haber quedado pospuesto al menos hasta mediados de febrero: el «pacto» que no avanza porque el Gobierno no quiere que avance y la elección del candidato para suceder a Méndez en la presidencia de la UIA.
De lo primero hay sobradas pruebas: ninguna de las tres reuniones que mantuvieron CGT-UIA contó con la presencia de miembros del elenco oficial; respecto de lo segundo, es un hecho que «Industriales», la lista que orientan Techint y Arcor dentro de la central fabril, y a la que le toca designar al próximo presidente -que aún no se decidió entre De Mendiguren y Adrián Kaufmann Brea de Arcor- no aceptará una prórroga hasta noviembre del mandato de Méndez. Tampoco está claro que Juan Carlos Sacco vaya a ser el secretario de la entidad nombrado por la «Celeste y Blanca», la otra corriente interna de la UIA.
Todo está «on hold» hasta después de las vacaciones, salvo -claro- que algún acontecimiento inesperado (de los que suelen suceder en enero) sacuda la modorra del descanso estival.

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