1 de febrero 2012 - 00:00

En año de recortes, la campaña del despilfarro

Ayer se votó en esta escuela de Tampa, Florida. Un fallo de la Corte habilita gastos exhorbitantes que se prenuncian récord.
Ayer se votó en esta escuela de Tampa, Florida. Un fallo de la Corte habilita gastos exhorbitantes que se prenuncian récord.
Washington - El costo de las elecciones presidenciales de 2008 rompió todos los récords financieros. Por primera vez en la historia, los máximos candidatos a ocupar la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama y John McCain, tuvieron que disponer de más de 1.000 millones de dólares para disputarse el cargo que dejaría George W. Bush.

En total, la pelea hacia la Casa Blanca insumió incluso más de 5.000 millones de dólares. Pero de cara a los comicios de este año, esa suma parecerá nimia. La contienda preelectoral ya indica que la batalla por el dinero amenaza con escalar.

La culpa es una legislación nueva que rige tras un fallo de la Corte Suprema de Justicia en Washington de hace dos años, que abrió el camino a las empresas y los sindicatos para poner dinero en las campañas electorales en apoyo a algún cargo político.

Las contribuciones directas a los candidatos tienen un marco más estrecho, pero el apoyo de grupos independientes ya no tiene límites.

La flexibilidad de la palabra «independiente» queda demostrada con los llamados Super PAC (comités de acción política), que brotan como hongos desde el fallo de la Corte.

Formalmente no se les permite mantener acuerdos con el candidato que apoyan, pero en realidad se convirtieron en los guerreros en la sombra más fuertes de la campaña electoral. Sobre todo, los favoritos en la carrera republicana por la nominación presidencial, Mitt Romney y Newt Gingrich, tienen poderosos Super PAC a su lado, que gastan astronómicas sumas de dinero para publicitar a sus candidatos.

La mayor parte del dinero proviene de corporaciones e individuos adinerados. En consecuencia, los críticos temen que un número abrumador de intereses individuales se filtre en la arena política.

«La elección presidencial se verá inundada con dinero, y nuestra democracia no mejorará por ello», advirtió recientemente el prestigioso profesor de derecho Kent Greenfield en The Washington Post.

En realidad, los comicios se ponen en peligro porque los Super PAC «se convirtieron en un vehículo para las voces e intereses de una élite muy pequeña de empresarios y financistas», afirmó. Políticos como marionetas de los ricos, una preocupación que en Estados Unidos es tan vieja como las elecciones mismas. Pero los temores han recibido un nuevo impulso.

El comité detrás del expresidente de la Cámara de Representantes Gingrich vive casi exclusivamente de la generosidad de un donante, el multimillonario Sheldon Adelson. El magnate hotelero de Las Vegas, de 78 años, puso en las últimas semanas diez millones de dólares en el PAC «Winning our future» («Ganar nuestro futuro»). En total, en los últimos años incluso invirtió unos 17 millones de dólares para Gingrich, según estiman los medios de comunicación estadounidenses.

Adelson recalca que lo hace por su amistad y lealtad hacia el político republicano de 68 años. Los analistas, sin embargo, señalan que el hombre de negocios tiene expectativas claras con Gingrich como posible presidente. Como ejemplo, mencionan la anécdota contada por el mismo Adelson de cómo conoció a Gingrich en 1995. Fue en el Capitolio cuando el político hacía la campaña a favor de trasladar la embajada estadounidense en Israel de Tel Aviv a Jerusalén.

Para los israelíes, Jerusalén es considerada como su capital indivisible. Que se pueda cumplir el deseo largamente acariciado por los judíos, religión a la cual pertenece, tendría un valor simbólico de enorme importancia. Gingrich promete efectuar ese cambio como una de las primeras medidas de su mandato. «Éste sería un premio dulce para Adelson», remarcó el Post.

En tanto, el Super PAC pro-Romney «Restore our future» («Restaurar nuestro futuro») está integrado por sus adinerados seguidores, incluyendo antiguos compañeros de sus épocas en Wall Street. Y también el actual presidente Obama puede alegrarse con esta nueva forma de respaldo, incluso tras haber reprendido públicamente el año pasado a la Corte Suprema por su decisión respecto de la financiación de las campañas.

El apoyo financiero parece ser imparable, y después de la experiencia de las primeras semanas de la campaña, la batalla electoral podría transformarse en una masacre.

Debido a su «independencia», los comités políticos podrían luchar con métodos brutales por la caza de votos -desde la publicidad telefónica hasta la difamación dirigida contra los adversarios-, como jamás los propios candidatos se hubiesen atrevido para no poner en peligro su reputación.

Los políticos aún no se sienten cómodos con estos métodos: «La idea de que los PAC sean más importantes que la campaña en sí misma es muy mala», dijo Romney. De todas formas, está en duda que realmente tengan intenciones de parar su desarrollo.

Agencia DPA

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