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“En Colombia todos esperan que filme algo de mi padre”
Elogiado por su capacidad de comprender a las mujeres, el director de la recientemente estrenada «Amor de madres» explica: «las mujeres me gustan, me interesan, me sorprenden, me divierten, pero no sé si son así o asá».
Periodista: Suena raro, pero por esta película lo acusan de ser ferviente seguidor de Benedicto XVI.
Rodrigo García: ¿Yo, fiel seguidor de Su Santidad el Papa? No particularmente, y tampoco soy muy religioso. Supongo que creen eso por el papel central que juega una monja en la película (conduce una oficina de adopciones). Pero lo que me interesaba no era la religiosidad de la monja, sino su humanidad. Creo que en cierto momento ella hasta se ha saltado las reglas para darle a una madre adoptante un bebé que a lo mejor no le tocaba. Aparte, hay dos personajes que son ateos y les va bien, lo que no concuerda con una idea de película «benedictina», así que no sé qué decir.
P.: Al respecto, ¿cómo cayó en Estados Unidos el detalle de esa adopción, donde una mujer negra adopta un niño mulato hijo de una blanca?
R.G.: Hombre, por empezar nunca pensé que el personaje de la negra adoptara un bebé blanco, lo que sería digno de una comedia televisiva. Tampoco quise abrir un debate sobre las relaciones interraciales, ni hacer la publicidad de los colores unidos de Benetton, simplemente transcribo algo que veo bastante seguido, al menos en Los Angeles. Aprecias eso en la película, pero si eres daltónico igual puedes verla, porque la raza, aunque integre la identidad de cada uno, en este caso no era el elemento central.
P.: ¿Cuál es, para usted, el elemento central?
R.G.: Presento tres mujeres de carácter muy fuerte, muy controladoras, pero hay cosas que no pueden controlar: si se van a conocer, si van a morir o vivir, etcétera. Además lo importante no es que se conozcan, sino que cada cual haga su viaje y su transformación. Una está cerrada a las emociones, otra tiene miedo a sentir, y a la tercera empieza a irle bien precisamente cuando abandona el control Entonces, más que nada, es una película sobre cómo tres mujeres enfrentan cosas que no pueden controlar. Por ahí piensas que vivirás tu vida de una forma y la terminas viviendo de otra. En ese sentido, me gustó que una mujer blanca, que quiere dominar su entorno, termine integrando una familia de latinos, aceptando consejos de una hijastra latina, y que su nieta sea una niña afroamericana. Eso me gustó.
P.: También lo acusan de haber hecho una obra «típica del subgénero de vidas cruzadas», llena de reuniones casuales.
R.G.: Hombre, se han hecho tantas que ya no es un subgénero, ni garantía de nada. Que una historia sea de varios hilos amarrados, de por si no es interesante. Para ello creo que debe tener suspenso e interés humano, de otro modo el tejido de esas historias no es suficiente para mantener la historia. Eso sí, a medida que el mundo se va haciendo cada vez más pequeño, y la gente tiene acceso a las comunicaciones, las casualidades se multiplican no sólo en las películas sino en la vida real. Por ejemplo, hurgas un poco en Facebook y descubres que los amigos de tus enemigos son los cuñados de tu vecino.
P.: Ya que está, ¿nunca pensó en volver a Colombia y adaptar alguna novela de su padre [Gabriel García Márquez]?
R.G.: Me encantaría hacer un proyecto en Colombia, pero allá hay muchas expectativas sobre qué proyecto haría, si estaría relacionado o no con los libros de mi padre, y es muy difícil dirigir algo cuando ya hay demasiadas expectativas. Igual no pierdo la esperanza.
P.: Entretanto, seguirá haciendo historias sentimentales de mujeres en Estados Unidos. Todos coinciden en elogiar su capacidad para comprender a las mujeres.
R.G.: Eso dígaselo a mi esposa, que no está tan convencida. Las mujeres me gustan, me interesan, me sorprenden, me divierten. Pero no sé si son así o asao, ni tengo un claro discurso femenino. Sólo trato de abordar temas, relatos y personajes femeninos que me interesan, aunque ya me están interesando también los masculinos de mi edad. Aparte, tengo suerte de contar con muy buenas actrices. Annette Bening encarna una mujer dura, difícil, a veces grosera, parece antipática, pero ella logró que en cada escena donde se comporta de modo desagradable, en vez de odiarla sospechemos que tiene una herida, algo que la motiva a portarse de manera hostil. Lo mismo Naomi Watts, cuya criatura intenta sobrellevar su dolor de la mejor manera posible, pero a veces necesita cometer alguna maldad, por ejemplo cuando deja su ropa interior en un cajón del departamento del vecino con quien tuvo una aventura.
P.: A propósito, no nos cuenta lo que ocurre cuando la esposa del vecino descubre ese detalle en el cajón.
R.G.: Creo que pasa lo que usted imagina que pasa, y ella reacciona como usted imagina que reacciona, y me imagino que el marido la convencerá de que es culpa de ella.
P.: ¿Será que también entiende a los hombres?
R.G.: Perdón, entiendo al marido.
P.S.


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