26 de octubre 2009 - 00:00

En deuda

Juan Román Riquelme y Matías Almeyda luchan por el balón. River fue más en la primera mitad; sin embargo, cuando se quedaron los dos con diez hombres, Boca hizo méritos para empatar.
Juan Román Riquelme y Matías Almeyda luchan por el balón. River fue más en la primera mitad; sin embargo, cuando se quedaron los dos con diez hombres, Boca hizo méritos para empatar.
En cada edición del superclásico, en la víspera, los protagonistas caen en un lugar común, que no deja de ser cierto, pero que es tan antiguo como el encuentro más importante de nuestro fútbol vernáculo. Es un partido aparte. Y a la luz de los acontecimientos, la frase hecha se ajusta con exactitud para explicar el porqué del empate en el superclásico 185 de la historia. Lo mereció ganar River, pero empató. Casi se lo lleva por primera vez el «Coco» Basile, pero debió conformarse con un punto. ¿Por qué? Porque es un partido aparte.

Astrada apostó a la experiencia, pero quien comenzó a marcarle el rumbo al Millonario fue «Nico» Domingo, con un tiro cruzado que se fue muy cerca apenas iniciado el partido; a partir de ahí fue todo de River. Por un zurdazo desde afuera de Abelairas, por otra más que Abbondanzieri le tapó al «Pitu», por el penal que el «Pato» le sacó a Ortega (ver aparte), pero también por el delicioso tiro libre del «Muñeco» Gallardo que abrió el marcador y acercaba la justicia a Núñez.

Sin embargo, el complemento trajo a Gary Medel por el lesionado Ibarra y la tarjeta roja de Laverni a Villagra por la falta a Gaitán. Al rato también se fue a las duchas mal expulsado Julio Cáceres por una exageración de Ortega en la disputa de un balón que ya estaba afuera. El diez contra diez le cayó mejor a Boca. Creció Gaitán, Riquelme tuvo mayor precisión y empezó a acercarse al arco de River, hasta transformar a Daniel Vega en una de las figuras de la Banda. Hasta que a los 18, el a esa altura desenmascarado Palermo tuvo una, la primera, y todos sabemos cómo terminan esas historias que protagoniza el 9. Uno a uno y flotaba en el aire la sensación de que si Boca aceleraba, lo ganaba. A pesar de que en una gran jugada Buonanotte se aprovechó de errores de Monzón y de Paletta para darle a Abelairas el triunfo, pero el zurdazo del volante se estrelló en la base del palo izquierdo.

River mostró una mejora considerable en el juego, quizás su mayor virtud fue haber jugado como si el traumático presente no existiera, por eso tuvo a Ferrari, a Gallardo, a Abelairas también entre los destacados junto a Vega y Domingo. Boca no soportó el papel de favorito que se le colgó antes del partido; a pesar de la amplia mejoría, no le alcanzó para dejar la mejor versión y encima empieza a cargar con la cruz que Basile no ha ganado todavía un clásico oficial y eso, sabemos, no es un dato más.

Dejá tu comentario