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En silencio, Cristina se apropia del lápiz que bendice candidatos
Cristina de Kirchner abraza una imagen de Néstor Kirchner que le alcanzó un militante, durante el acto en Rosario por el Día de la Bandera, donde se guardó definiciones sobre su candidatura.
El silencio sobre la intriga esencial -cuándo anunciará su reelección y a su vice- era obvio para no contaminar una celebración patria con un anuncio partidario. Sin embargo, como el 25 de Mayo, fue autorreferencial y parrafeó seguido a su esposo ausente.
Es probable que esa letanía se repita toda la semana. La Casa Rosada diseñó actos diarios hasta el jueves, todos con pantalla para la Presidente. ¿Usará alguna de esas citas para formalizar su candidatura? Está, además, reservado el Teatro Argentino para un eventual show que, se dice, ella no quiere.
Pero debajo de la hojarasca de enigmas y sobreentendidos, la Presidente se apropió del dispositivo legal que autorizará cada candidato K. Carlos Zannini, como apoderado «master» del FpV, será el todopoderoso portador de esa lapicera que firmará cada planilla.
Centralización
Ese procedimiento -para algunos apenas un trámite formal- dice mucho: no sólo anticipa un mecanismo de selección y bendición hipercentralizado sino que, como indicio sobre cómo operará el cierre de listas, supone un esquema de premios y castigos dentro de la galaxia K. Veamos:
Zannini quedó como apoderado del Frente para la Victoria nacional. Estará secundado por Jorge Landau, histórico amanuense del PJ. Cada nombre deberá, en última instancia, pasar por ese filtro porque para colgar una lista provincial de la boleta presidencial necesariamente tendrá que contar con la autorización del apoderado nacional. De ese modo, en términos prácticos, todas y cada una de las candidaturas del FpV de todo el país serán fiscalizadas y avaladas por Zannini. Algo más: la base de operaciones estará en la sede del PJ nacional, en Matheu 130, hacia donde tendrán que desfilar los aspirantes tanto nacionales como provinciales.
Sabedor de esa ubicuidad, el secretario de Legal y Técnica autorizó que el FpV bonaerense monte un modelo de tres apoderados: Landau, Eduardo López Wesselhoefft y Ulises «Coco» Giménez. Forman un equipo que cinceló en el aspecto técnico todas las boletas del PJ y del FpV en los últimos años. Aísla, de todos modos, a una figura: el quilmeño Federico Scarabino, ahora al frente del Senado bonaerense, a quien Alberto Balestrini había sumado como apoderado al PJ.
Para Daniel Scioli el viento K sopló a favor. Tendrá un rol protagónico: se lo designó como «presidente» del FpV bonaerense, a la vez que su jefe de Gabinete, Alberto Pérez, fue nominado como responsable político de la alianza. Otro sciolista, Carlos Machiaroli, contador general de la provincia, será el responsable económico-financiero del FpV bonaerense mientras que Juan Pablo Alvarez Echagüe -también del sciolismo puro, ladero de Pérez en la Jefatura de Gabinete- integrará la junta electoral del frente.
Entre los favorecidos por la Lotería K figura Florencio Randazzo, que ubicó a Norberto García como responsable político del FpV nacional. También se anota en ese pelotón Juan Carlos Mazzón, que quedó como integrante de la junta electoral nacional que presidirá el chaqueño Rafael González. Guillermo Blancq, contador del PJ nacional, quedará como responsable económico-financiero del FpV nacional.
A pesar de ostentar el cargo de presidente en funciones del PJ bonaerense, Hugo Moyano se quedó, apenas, con una butaca de la junta electoral provincial: allí sentó al poeta Julio Pirrera Quiroga, apodado «Quiroguita», que fue leal a Saúl Ubaldini, luego estuvo bajo el ala del fallecido Juan Manuel Palacios, y en los últimos tiempos se incorporó al staff del moyanismo. ¿Será un indicio, proporcional, de lo que se le cederá al camionero en las boletas K?
De todos modos, a Moyano le fue mejor que, por ejemplo, a Sergio Massa. El intendente de Tigre, que amagó con desafiar a Scioli, perdió al referente que tenía en la junta electoral: el platense Juan Amondarain no fue trasladado de la mesa del PJ a la del FpV, algo que sí ocurrió con cuatro de los integrantes de ese instituto: Hugo Curto -que preside la del PJ y presidirá la del FpV-, la bancalarista Edda Acuña, el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, y Jorge Scarone, senador provincial que responde al ministro Julián Domínguez. La mera supervivencia, en el lenguaje cifrado del kirchnerismo, es motivo de brindis.
Por el contrario, además de Amondarain, fueron desplazados Juan Garivoto -¿un anticipo de que si quiere ser candidato será vetado?- y Miguel Santellán, aliado de Isidoro Laso. Esas exclusiones se decodificaron como sanciones al PJ clásico que ha mostrado, además, movimientos autónomos respecto de la Casa Rosada. La «razzia» cercenó también a Néstor Álvarez, dirigente alineado con Cristina Álvarez Rodríguez, una de las anotadas para vice de Scioli. Si las casualidades no existen, ese sablazo puede inducir a algunas lecturas.


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